MÁIS VALE UNHA CHEA...

OPINIÓN

14 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

¿De qué sirve tomar el purgante gota a gota? ¿Qué sentido tiene el ir de pueblo en pueblo suspendiendo normas y licencias a ojo de buen cubero? ¿Cómo se puede evitar la sensación de discrecionalidad y electoralismo que anida detrás de las últimas y repetidas suspensiones de normas y licencias protagonizadas por la Xunta? Puestos a ser eficaces, y a corregir todos los errores cometidos en nombre del progreso y con la connivencia de los redactores y sancionadores del planeamiento urbanístico, me parece más seguro e inteligente desenvainar la espada del derecho, afilar su acerada hoja y ¡zas!, cercenar de un solo tajo todas las licencias de edificación existente en Galicia. Al no hacerlo así, y al utilizar las suspensiones como una forma de distanciarse de ciertos alcaldes incómodos y consentidos, o de castigar a algunas corporaciones rebeldes, la política urbanística de Galicia empieza a configurarse como un guirigay inexcrutable y deslegitimado, donde nadie sabe a qué norma atenerse o a qué poder encomendar esas cuítas que se resuelven en la trastienda. ¿Por qué se suspende ahora lo que antes se aprobó? ¿Cómo pueden adoptarse decisiones tan extremas sin que nadie depure responsabilidades políticas y penales dentro de la propia Xunta o de las corporaciones municipales afectadas? Lejos de dar explicaciones objetivas a la opinión pública, se deja todo en una nebulosa jurídica que no hace más que llamar a los fantasmas de la corrupción y el chanchullo organizado, mientras traslada todo el coste de estas estériles exhibiciones de poder a unos empresarios de la construcción que, lejos de reducir la presión que ejercen sobre el escaso suelo disponible en los entornos urbanos más dinámicos, se ven forzados e incentivados para iniciar nuevos proyectos que no serán vigilados ni controlados hasta que pasen varios años y hayan generado un nuevo desastre urbanístico y unas inercias económicas irreversibles. Al mismo tiempo hay que decir que no me parece nada útil ni justo crear culpables de papel para cortarles la cabeza y aliviar las contradicciones de todo el sistema. Porque el desastre de Teo no es mayor que el de Milladoiro, ni exhibe un urbanismo más feo e irracional que A Estrada, ni tiene más déficits de servicios y comunicaciones que Bertamiráns, ni tiene nada que ver con el desarrollo cutre que afea los entornos de Vigo y A Coruña. Pero la hemos tomado con Cacheiras y Oroso para que nadie se dé cuenta de que ambos casos son el resultado de una culpable imprevisión sobre las necesidades de crecimiento de Santiago, y para que la protesta por la ocupación de la única carretera disponible entre A Estrada y Compostela desvíe la crítica de un vial tercermundista que ya era inadecuado hace más de veinte años. Cuiña, que es de pueblo, sabe muy bien que vale máis unha chea que sete lambetas . Y por eso me extraña que siga así, administrando sus purgantes gota a gota.