EL GERUNDIO DE ACLARAR

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

Vamos con el gerundio de aclarar, que es aclarando; un par de lectores se me han mosqueado porque yo esté (La Voz, 4 de junio, Diálogos de sordos ) en que se pueda hablar de autodeterminación conducente a alterar situaciones establecidas que no son ni de necesidad metafísica ni de derecho divino, como tampoco lo serían las novedades resultantes de esa alteración. Lamento los mosqueos de mis lectores, pero no me abstendré de elevárselos al cubo con la repetición expresa de que ni la unidad de España ni la autodeterminación y posible independencia del País Vasco o de cualquier otra comunidad con iguales antojos me parecen necesidades, urgencias inaplazables, bienes absolutos a mantener o a conseguir cuanto antes. De siempre son temas que veo con la más absoluta indiferencia, ni los deseo ni me molestan, ni creo que quienes están empecinados en ellos le estén haciendo al prójimo un favor que sea objetivamente urgente, necesario, esencial. Son opciones del juego político, opciones y nada más que opciones, con montones de cosas mejores por delante para que tirios y troyanos mejoren y disfruten su día a día tan poco necesitado de palabras huecas. Pero si, además, a lo de conseguir cuanto antes esas opciones me añaden lo de conseguirlas como sea, mi indiferencia ya deriva a incomodidad. No creo en la cháchara de la Constitución inviolable que define dogmática la unidad impepinable; tener por intocable la Constitución porque sí es patriotería huera o, peor, interesada. Toda ley política y civil que se anuncia o la anuncian inderogable es impolítica e incivil. Por supuesto, poner a las Fuerzas Armadas como guardianes de la unidad es infumable. No hay más unidad política que la del consenso y lo contrario es matraca. Y si el conseguir cuanto antes la independencia pasa por practicar, apoyar, disculpar, ignorar... el terrorismo, no necesita ponerse de relieve la perversión civil y ética. Y tengo mi experiencia próxima, repetida y cierta de que una parte del clero vasco debería haber tenido y tener otra actitud humana y cristiana ante el terrorismo y dejarse de andar por las ramas de teologías y antropologías cutres. A mi aire y antes que los obispos vascos (La Voz, 30 de abril, Puertas al campo ) me opuse a la ilegalización de Herri Batasuna y dije que ilegalizar a miles de ciudadanos es excesivo, peligroso, inútil. Ahora hay que desgranar la obviedad de que ETA, bastante gente de Herri Batasuna, algunas gentes de otros nacionalismos (EA, PNV) y algún que otro clérigo practican, apoyan, disculpan, argumentan... una política que también es excesiva, peligrosa e inútil en la proscripción de los que no son nacionalistas independentistas. En definitiva, que no es Aznar el único intransigente y cerril del mal rollo en el que nadie sale ganando. Al presidente Aznar, Xabier Arzallus, etcétera, les vendría bien hacerse una ranura cerebral por la que pudiera caberles alguna duda en la pompa y cátedra con que peroran.