HAY DÍAS ASÍ

OPINIÓN

Podría escribir sobre obispos, clérigos y pastorales o sobre la huelga general y sus preparativos, ir algo por delante y posicionarme en la dinámica del compromiso, o sorprenderme con la decisión, con freno y marcha atrás, de autorizar o prohibir la píldora del día después y cargarlas a los presupuestos del Sergas. O contar cómo el miedo del portero ante el penalti puede resultar insuperable, narrar en primera persona, como si de un tertuliano de prestigio se tratara, los logros de los seis meses de presidencia al frente de la Unión, y el próximo happy end sevillano, tenía que ser Sevilla. Mirar para otro lado y sumar delitos y homicidios en el debe y haber de la seguridad ciudadana, más malherida, y no es humor negro, que nunca. Ir sumando los problemas que tienen los inmigrantes y los que los emigrantes producen, y escuchar por las noches un rumor de pateras que no cesan. Denunciar cínicamente a los manifestantes antiglobalización siempre dispuestos a dar la murga y aguar la fiesta. Hacer el cómputo de los nuevos parados que emergen mes a mes en el más obsceno de los recuentos. Ir apuntando, por si en algo vale, las nuevas fórmulas recuperadas por el fascismo que se concretan en la xenofobia, el racismo despiadado, la homofobia y el desprecio por lo diferente. Ir en contra, y en alta voz, o subrayar en negrita, del machismo y del maltrato a las mujeres camuflado en acosos surtidos e intolerancias crecientes. También debo decir algo sobre la oposición, las viejas fórmulas renovadas del socialismo perdido en sus discursos en vísperas electorales de municipales con repique de primarias. No me atrevo a escribir sobre los nacionalfanatismos del norte, porque no quiero hipotecar mi libertad con guardaespaldas, ni mirar todos los días los bajos de mi coche. Aquí, en llegando a este punto, debo añadir que estoy radicalmente en contra de la agresión y de la muerte y que no debe haber impunidad para asesino alguno. O volver a lo que acontece en mi tierra e interpretar el neocuiñismo y su conversión antifeísmo cuando ya el paisaje está desolado, arrasado por la especulación y condenado de por vida a no ser regenerado. Leer las páginas de internacional y condolerme con los que sufren la peor de las guerras, como los argentinos encerrados en su corralito de corrupciones variadas, el conflicto árabe israelí, las vísperas de guerra en la India, las olvidadas y africanas guerras del silencio, la geografía incivil de minas y morteros . Uno no debe citar los déficits democráticos, ni los avasallamientos del poder y los poderes, ni el desprecio creciente por la cultura y las culturas convertidas en objetos de reconocimiento social. Podría escribir sobre éstas y otras cosas, y darles un tono festivo o dramático a cada una de las frases, traer serpientes al verano para resucitar al monstruo del Lago Ness, que últimamente anda un tanto alicaído. Pero hay días así, como éste, que delante del folio en blanco, a uno no se le ocurre nada. No sabe de qué escribir y, como hoy, está huérfano de tema.