LA FORTALEZA EUROPEA

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

Se confirma en nuestra vieja Europa el axioma según el cual «cuando no puedas con tu enemigo, únete a él». La nueva derecha europea, más liberal y menos democristiana, parece decidida a neutralizar la expansión electoral de otro fantasma que recorre Europa, la explosión xenófoba, integrando y apropiándose de algunas de sus banderas, al tiempo que lanza contra la izquierda socialdemócrata la responsabilidad de las tensiones que viven nuestras sociedades. Un sector de la coalición que apoya a Jacques Chirac en las inminentes elecciones legislativas francesas no duda en hacerle guiños al Frente Nacional de Le Pen para la segunda vuelta. La Cámara de los Diputados italiana aprobó el martes la ley Fini-Bossi , recogiendo al alimón los impulsos de la política xenófoba y racista de la Liga Norte y de la postfascista (?) Alianza Nacional. Por último, José María Aznar nos advierte desde La Haya que «es muy necesario que se caigan las máscaras de hipocresía». Sin saber exactamente a qué se refiere, lo intuimos al conocer el deseo de endurecer su propia ley de Inmigración de 11 de enero de 2000. No se busca un acuerdo con las fuerzas socialdemócratas para definir las bases de una necesaria política común europea, sino que se utiliza el naciente mapa político comunitario para lanzar contra la izquierda a unas clases medias temerosas con el fenómeno de la inmigración. La cuestión es que el aprendiz de brujo puede verse, una vez más, sometido por el monstruo que sale de la botella. La ley italiana crea un nuevo tipo penal que supone penas de cárcel para los inmigrantes que retornen a Italia tras una expulsión, se tomarán las huellas dactilares de todos los extracomunitarios que hayan solicitado el permiso de residencia, los inmigrantes sólo podrán entrar en el país habiendo firmado un contrato de trabajo, si el trabajador regularizado pierde el empleo será expulsado del país, y se amplía a seis años el período de residencia para obtener la autorización definitiva. La oposición teme que se estimule la contratación y el trabajo irregular y clandestino. Es cierto que Europa se enfrenta a un desafío, pero puestos a hablar de «hipocresía»le sugiero a Aznar que se aproxime al espléndido libro de Joseph E. Stiglitz El malestar de la globalización . Premio Nobel de Economía de 2001 y asesor económico de Clinton, llama la atención sobre «la hipocresía de los países occidentales que fuerzan a los países pobres a eliminar sus barreras comerciales, pero ellos mantienen las suyas e impiden a los países subdesarrollados exportar productos agrícolas». Así las cosas, «la creciente división entre los poseedores y los desposeídos ha dejado a una masa creciente en el Tercer Mundo en la más abyecta pobreza y viviendo con menos de un dólar por día». En la última década del siglo XX el número de pobres se incrementaba en casi cien millones al tiempo que la renta mundial total aumentaba en promedio un 2,5 por ciento. No es extraño que la furia se extienda por el mundo contra nosotros, la fortaleza de los ricos.