INVESTIGACIÓN SOBRE EL AVE

OPINIÓN

20 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Estoy leyendo una investigación excelente -presentada como tesis doctoral- donde se analizan y estiman, entre otras cuestiones relevantes, los cambios que introduciría un tren de alta velocidad en la demanda de transporte del corredor Galicia-Madrid. Estos cambios se expresan en una demanda desviada y en una demanda inducida o generada. La demanda desviada afecta a los usuarios actuales y nos dice cuántas personas que ahora viajan en coche, avión o autobús, pasarían a viajar en tren. La demanda generada cuantifica el número de viajeros adicionales incorporados al corredor ante la presencia de esta nueva modalidad de transporte. El análisis considera también trazados y costes alternativos, así como viajes motivados por razones de trabajo y ocio. Los resultados obtenidos son de indudable transcendencia. El tren de alta velocidad aparece como una fórmula muy competitiva puesto que absorbería un elevado número de viajeros que en la actualidad se desplazan en modos alternativos. Además, la demanda de transporte en el corredor se incrementaría, en función de trazados, costes y motivos de viaje, hasta cifras que podrían oscilar entre 25% y 57% del tráfico actual. A diferencia de los informes cuasi protocolarios que los gobiernos utilizan para justificar apresuradamente las inversiones en infraestructuras, la investigación universitaria ofrece al respecto otras dimensiones que son dignas de interés. Porque profundiza en los modelos teóricos, genera cálculos y estimaciones solventes, permanece ausente a las tensiones políticas y de clientela y está menos condicionada por urgencias diversas. Cuando se combina la experiencia de la administración con la reflexión teórica de la investigación universitaria, surgen los libros blancos que fundamentan y encauzan mejor los debates y las decisiones políticas relevantes. Equivocarse en materia de infraestructuras de comunicación es siempre, por la cuantía de los recursos empleados y por los efectos económicos y sociales generados, pecado mortal. Y esto conduce finalmente a otra consideración que no debemos cansarnos de reiterar, insistir o recordar. Las sociedades que apuestan por la educación, la investigación, la innovación y el desarrollo, obtienen frutos y rendimientos incuestionables. Son beneficios que normalmente están reñidos con las prisas y el corto plazo, pero siempre explican el progreso de los pueblos. Por eso es admirable constatar cómo en las universidades gallegas se realizan investigaciones tan excelentes y útiles como la aquí comentada. Pese a la crónica escasez de recursos públicos y privados destinados a la investigación y el desarrollo. Y pese, también, a las reticencias y abundante miopía política que en ocasiones envuelve y asfixia a la actividad universitaria.