PISOS EN ALQUILER

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

Una elevada proporción de familias viven angustiadas por la hipoteca del piso que han querido tener en propiedad. Ese maldito plazo, que acucia mes a mes durante décadas, se lo come todo y apenas deja margen, no ya para lujos, sino tan siquiera para una mínima expansión y ahorro. Cambiar la tendencia, favoreciendo el régimen de alquiler y abaratándolo, parece una lógica decisión del Gobierno: podrían aliviarse privaciones familiares, mejorar las perspectivas de ahorro e inversión, facilitarse la movilidad geográfica laboral y hasta homologarnos a Europa, donde la proporción de viviendas en propiedad y en alquiler es la inversa que la nuestra. Lo discutible, sin embargo, es el procedimiento. El Gobierno apuesta por desgravaciones a los dueños en su IRPF, con la esperanza de que se animen a alquilar y, así, aumentando la oferta, bajar los precios. Otra postura sería asignar tales ventajas a los jóvenes que asuman iniciar su vida emancipada bajo ese régimen de alquiler, y poner coto a las rentas abusivas. Y quedaría una tercera, más justa y no irritante: ¿por qué no repartir las desgravaciones por mitad, entre propietario y arrendatario?