12 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Un país que soporta que uno de sus jueces haya delinquido y siga ejerciendo la justicia está preparado para aguantarlo casi todo. Por ejemplo, que otro juez impida a la policía requisar símbolos nazis en la sede de un club. O que un presidente subvencione los viajes de esos mismos nazis. O que otro presidente baje al campo a amenazar personalmente al árbitro. O que un jugador se jacte de haberle partido la cara a un aficionado. Y, también, que la policía pida por favor a los ultrasur que dejen de romperles los coches y de agredirlos. Estamos preparados para todo. Las páginas de este periódico incluían ayer un debate sobre la violencia en el fútbol. Muy clarificador. Es el gran tema de actualidad, lo que le viene bastante bien al juez prevaricador, porque la sociedad española se ha conmocionado con los últimos incidentes en los estadios. Como si no tuviera memoria. Como si la presencia de vándalos y violentos fuese de ayer por la mañana. Otra vez más nos sobresaltamos por algo que hemos dejado ir demasiado lejos. Los nazis que ocupan las gradas de los estadios nunca han ocultado su intolerancia, su agresividad y su simbología fascista. Por tener hasta tienen páginas web en las que promocionan sus actitudes delictivas y criminales. Pero nosotros nos enteramos ahora de que hay por ahí unos violentos, apologistas del fascismo, que quisieron reventarnos el final de liga. Y queremos atacar el problema cuando, entre todos, lo hemos alimentado. Hace unos años, un entrenador, Guus Hiddink, tuvo que soportar a tirios y troyanos, prensa incluida, porque obligó a retirar una pancarta nazi de Mestalla. Parece ser que no era de su incumbencia. Tiempo después se dijo que Aitor Zabaleta, el seguidor de la Real Sociedad que murió apuñalado por un cabeza rapada atlético, era un provocador abertzale. Así de indulgentes hemos sido. Dice un proverbio hindú que la más larga caminata comienza con un paso. Pues comencemos la larga caminata de erradicar a los violentos con un pasito. Dejando de ser complacientes. E hipócritas.