EL CUENTO DEL LOBO

La Voz

OPINIÓN

Según la Ley de Extranjería y los acuerdos internacionales suscritos por España, toda persona que sea detenida por entrar ilegalmente en el país deber ser internada en un centro de acogida en el que no podrá permanecer más de cuarenta días. Durante este tiempo, la policía tiene que averiguar el lugar de procedencia o de nacimiento. Si lo encuentra y existe acuerdo de extradición, lo devuelve. Si no hay convenio, el retenido no puede ser repatriado y permanece en el centro de acogida con aquellos cuyo origen no ha podido ser descubierto ya que, naturalmente, los inmigrantes que entran de manera ilegal no llevan papeles ni dicen de dónde son. Transcurridos los cuarenta días, esos inmigrantes tienen que ser puestos en libertad. A partir de aquí deben buscarse el sustento en un territorio cuyo idioma no entienden, en una sociedad que desconocen, de la que nada saben y para la que carecen de documentos. Futuro incierto Les espera un futuro incierto pero que es mejor que el que dejaron en sus naciones de origen. Allí no suele haber leyes justas, ni sistemas democráticos, ni cumplimiento de los más elementales derechos humanos, ni posibilidades de trabajo. Muchos de estos sin papeles logran sobrevivir sin delinquir ni caer en manos de mafias que les exploten. Otros terminan en las redes del crimen, o de la droga o de la prostitución. Y estas actividades ilícitas conllevan inseguridad ciudadana y alarma social. Las consecuencias son que el 89% de los presos preventivos que han entrado en las cárceles españolas en el primer trimestre son inmigrantes, pero los efectos mayores serán la recluta de votos que puede obtener en España aquél que quiera emular a Le Pen, Haider, el asesinado Fortuyn y los que saldrán en los próximos años. Inseguridad y votos Como ha dicho Rodríguez Zapatero, la lección política que todos los partidos deben sacar del resultado electoral francés es que la inseguridad ciudadana cuesta votos y derriba gobiernos. ¿Qué hacer pues? Entre otras cosas, que nuestros políticos no estén ciegos y que Zapatero sea consecuente entre lo que dice y lo que hace.