El cese del director general de Pesca es una maniobra de distracción, otra, de la Comisión Europea. El sacrificio de Steffen Smidt sirve, además, para que el comisario Franz Fischler gane tiempo y para que el improvisado grupo Amigos de la Pesca (España, Francia, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal) venda la piel de un oso, el que sea. Franz Fischler es, ante todo, el eurocomisario de Agricultura y, por tanto, administra el 45% del presupuesto de la UE. Dicho de otro modo, el contable de la Política Agraria Común (PAC) es el dirigente más comprometido en el recorte de gastos que se exige para acometer la ansiada ampliación. Amigos de la Pesca es una alianza coyuntural y, muy probablemente, sólo propagandística. Nadie que conozca los intríngulis de la política comunitaria da crédito a una iniciativa por la que seis socios rompen la baraja para defender los intereses de una actividad económica que supone menos del 0,2% del PIB de los Quince, que genera constantes pleitos intracomunitarios y que, para colmo, causa cíclicos conflictos con países de contrastada importancia geoestratégica (Marruecos, Argentina, Chile, Suráfrica o Noruega). Además, Amigos de la Pesca mantienen entre sí graves enfrentamientos en distintos caladeros, por variados motivos y especies. Por último, un interrogante: ¿por qué ahora y aquí, en Galicia y España, hay quienes insisten en la posibilidad de que la actual UE puede hacer una excepción en materia de pesca y anteponer lo político a lo económico? Smidt ¿que se jubila como funcionario de categoría A1 con la máxima retribución¿ estaba políticamente muerto desde 1998, cuando fue relevado como responsable de personal de la Comisión Europea. El danés ha cumplido su papel, tanto en Personal como en Pesca. ¿Quién puede creerse que los Quince aprobarán una reforma de la Política Pesquera en la que primen criterios políticos y sociales de los que ni siquiera se beneficiará el poderoso sector agrario?