Soy de Garci. El cine es como el fútbol, como la vida, hay que posicionarse. No se puede vivir en Pinto y en Valdemoro al mismo tiempo. Me quedo con el asturiano. Ya sé que más de media España prefiere a Almodóvar, pero a mí me va más el empalagoso dulce de Garci. You are the one es como uno de esos hojaldres de merengue míticos de las grandes pastelerías. Un castillo enorme de dulce, previsible, pero que te hace una soga de lágrimas en la garganta y te da una puñalada de calor en el estómago. La protagonista en depresión llega al pueblo con los ojos grises y se va con ellos azules. Qué sé yo. El último Pedro me interesó más que sus desvaríos anteriores. Sus dos últimos filmes tienen un punto humano que se agradece. Más en Todo sobre mi madre que en Hable con ella, donde se la va la mano. El Almodóvar anterior, el del triunfo, es una sesión de fuegos artificiales, pura laca. Las estrellas son de mentira. Con Garci, las estrellas son de verdad, pantalla grande, como las de antes. Garci puede con el blanco y negro. Es el maestro del recuerdo. Manipula la emoción y te desarma. Es el amigo que te echa el brazo por el hombro y te va contando la vida misma. A pocos.