Hace cuatro o cinco años, las hipótesis del Ministerio de Interior definían a ETA como la clave financiera de todo el entramado abertzale , y daban por supuesto que el dinero de los secuestros y extorsiones de los pistoleros engrasaba con generosidad la redacción de Egin , las campañas electorales de Herri Batasuna, la publicidad y el aparato organizativo de las Gestoras pro Amnistía, la gasolina de la kale borroka y el vino de misa del obispo Setién. Ahora, en cambio, se explican las cosas al revés: Batasuna financia a ETA, y el dinero que antes salía de grandes secuestros y extorsiones, pagadas en Francia y recibidas por un sofisticado aparato financiero, se recauda ahora en las Herriko Tabernas , y se registra en sus cajas, antes de pasar al aparato militar de ETA. Entre ambos supuestos, en esencia muy distintos, no media ningún cambio perceptible, ningún dato conocido ni ninguna sentencia firme, y todo apunta a que, más que haber encontrado el filón que abastece las bombas y las pistolas, hemos encontrado el sistema de dar vueltas a la noria mientras esperamos un milagro que no va a producirse. Y si antes estaba claro que todo el dinero se arrancaba a montones a punta de pistola, ahora parece que la mina de oro se extiende como una red por la sociedad vasca, en un sistema de apoyos múltiples y difusos que pone los pelos de punta. La policía, que presume de detener a mucha gente, se mueve cada vez más lejos de los núcleos de acción y decisión de ETA, y sólo llena sus furgones con militantes batasunos que, detenidos en su trabajo o en sus casas, son puestos en libertad unas horas o unos días después, sin que nada se sepa de los claros indicios que los incriminaban. Y la acción judicial, plagada de convicciones y magra de pruebas, parece empeñada en colaborar con el Ministerio del Interior ¿y no con la justicia¿ a base de abusar de los procesamientos y soslayar las sentencias, como si fuese bueno todo lo que estorba a los abertzales, y como si estuviesen convencidos de que las acciones de ETA y su mundo dependen de que Batasuna sea legal o ilegal. Fuera de esa película ¿que repite muchos capítulos¿ todos sabemos que el problema sigue en el mismo sitio, que ETA ya movió su ficha para el supuesto de la ilegalización, y que la expulsión de Batasuna de la contienda electoral va a emponzoñar a Euskadi hasta límites difíciles de imaginar. Ayer avisaron, explosionaron los coches temprano, y no mataron ni impidieron que ganase el mejor. Pero ocuparon todos los telediarios, como si quisiesen probar que sólo les falta retrasar el reloj y apagar el móvil para producir una masacre. ¿Y la policía? Deteniendo batasunos en las Herriko Tabernas , sin que nadie se atreva a sacar la espada y cortar el nudo gordiano que atenaza al País Vasco.