MANUEL-LUIS CASALDERREY
22 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un lector de La Voz pedía, en Cartas al Director, que se dé la máxima información en las etiquetas alimentarias, que se especifique el origen de las grasas y también el tanto por ciento de grasas trans que contienen. Estoy completamente de acuerdo. Eso haría que los consumidores que leemos las informaciones de las etiquetas alimentarias, que cada vez somos más, pudiésemos enterarnos de lo que realmente comemos. Las grasas vegetales (de girasol, maíz, palma...) tienen moléculas con isomería cis (átomos del mismo lado). Cuando se hidrogenan parcialmente para hacerlas más saturadas (protegiéndolas del enranciamiento y aumentando su viscosidad), parte de las grasas se convierten en trans (átomos cruzados), que son más estables que las cis . La importancia de conocer su porcentaje, es que las grasas trans (todavía insaturadas) se comportan como las saturadas, contribuyendo al aumento del colesterol LDL (malo) y, lo que es peor, a una disminución del HDL (bueno). De todos modos las industrias alimentarias están eliminando las grasas trans que se producen y reduciendo su contenido al mínimo, como se ha puesto de manifiesto en un reciente estudio sobre margarinas. Sería conveniente que se oyesen más voces para conseguir un clamor audible para las autistas autoridades competentes.