¡VIVA SEVILLA Y OLÉ!

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

21 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Mientras Rodríguez Zapatero se lía como un pez en las redes del pacto antiterrorista, dejando que Aznar sea el héroe, y asumiendo con patriotismo su rol de villano, el tenaz e incansable Jordi Sevilla se empeña en hacer la guerra fiscal por su cuenta, tratando de cazar a Rato en cualquier renuncio y arremetiendo contra la derecha en uno de los puntos en los que el PSOE tiene menos credibilidad. En todo lo que podrían distinguirse del PP, evitando la partidización de la lucha antiterrorista, y velando por la calidad de la democracia, pactan una política seguidista, contribuyen a asfixiar al Gobierno vasco, repiten el discurso simplón de los buenos y los malos, y le dan alas y votos a quien aprovecha todas las oportunidades para distanciarse de ese cobarde que no se atreve a firmar al lado del valiente Aznar, del tibio que se acongoja ante la retroactividad de la ley, del felón que coquetea con el PNV, y del jefe de esa jaula de grillos que desvirtúa la brillante gestión de Mayor Oreja. Nada tienen que decir, o eso parece, en el ámbito de la política internacional, y hasta debe parecerles bien que el mismo Aznar que se viste de halcón cuando va de la mano de Bush, se disfrace de paloma mensajera para hablar con Arafat. Nadie sabe lo que piensan sobre el planchazo diplomático de Venezuela, la ampliación de la UE, la disminución de la ayuda internacional y otras cosas por el estilo. Y todo apunta a que, más allá de la reacción puntual contra las reformas del PP, tampoco existe un modelo educativo coherente, ni un programa de infraestructuras ajeno al localismo, ni una crítica a la España rancia que quiere renacer sobre un burdo manejo de la historia. Pero eso sí: cada vez que se anuncia una rebaja de impuestos, o se trata de racionalizar los corruptos sistemas de prestación al desempleo, aparece Jordi Sevilla y, negando las evidencias, trata de convencernos de que el PP es malísimo, de que todo se basa en engaños que los tontos no vemos, y de que el PSOE podría hacer estas cosas mucho mejor de lo que lo hizo cuando aplicaba el rodillo a destajo. No reconocen nada: ni que las devoluciones se hacen con celeridad (no como antes), ni que las inspecciones se cierran en plazo (no como antes), ni que se renunció al uso del terror fiscal, ni que el IRPF baja de hecho, y se racionaliza, al ritmo de una política fiscal que, siendo de derechas -¡faltaría más!- parece bastante eficaz. Y por eso reaparece una y otra vez el pobre Sevilla para ver si levanta una oposición que siempre se estrella contra el pactismo estéril de su jefe. Si yo fuese Aznar le daba a Jordi Sevilla el título de marqués de «Y olé», y lo cargaba de medallas con pensión y banda colorada. Porque nunca van a tener mejor oposición, y es de bien nacidos el ser agradecidos.