EL FINAL DE LA ESCAPADA

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO ONEGA

16 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Jesús Gil ha pasado su primera noche en la cárcel. Casi nadie esperaba una decisión tan contundente. Pero así actúa la Justicia. El juez Del Olmo apreció tal gravedad en las acusaciones, que decidió prisión incondicional. Es, por ahora, la culminación de la primavera más terrible de Gil. Hace unos días era inhabilitado, lo cual le obligará a dejar la alcaldía marbellí. Y hoy amaneció en prisión. Jesús Gil, como cualquier ciudadano, disfruta del derecho constitucional a la presunción de inocencia. Soy el primero en reconocérselo. Sin embargo, estamos ante un personaje tan polémico que su detención no deja indiferente a nadie. Habrá gentes que lloren su castigo, y habrá gentes que lo estén celebrando. Habrá ciudadanos que coincidan con él en pensar que estamos ante una persecución política, y ciudadanos que dirán que ya era hora de terminar ese espectáculo. Pero aquí no valen los sentimientos. Todo tiene la apariencia de que estamos ante el final de camino. El Gil político, que soñó con crear un partido nacional y conquistar decenas de alcaldías, ha terminado. De nada le ha servido la mayoría absoluta que varias veces alcanzó en Marbella. El respaldo popular no tiene nada que ver con la aplicación de la Justicia. Y el Gil económico, que mezcló y confundió los negocios privados y los públicos, está sometido a una severa revisión. Ingresa en prisión un hombre, pero también un comportamiento. Jesús Gil arriesgó demasiado. Hace sólo dos noches estuvo en televisión,y sus palabras han sido consideradas como una auténtica provocación, en su conocido estilo. Quizá el juez ha recogido el guante. Y presumía, en algún tiempo, de haber tenido más de doscientas causas abiertas en los juzgados. Las sorteó todas, ganó la mayoría, se confió demasiado, se puso los códigos por montera, y al final cayó. Él dirá que es el triunfo de sus enemigos. Pero es solamente un fin de trayecto. El final de la escapada. Quiero decir a favor de Gil, que siempre se cumple un principio de Eugenio D¿Ors: todo el que tiene manía persecutoria, es porque de verdad le persiguen. Pero no es lo mismo la persecución política que la persecución judicial.