Allá por 1960 el mundo occidental capitalista y sus pautas culturales tenían los días contados, era imparable el avance del socialismo, revolcón cultural y antropológico de mayor cuantía. La cosa estaba tan clara que había el chiste de que los optimistas estudiaban ruso y los pesimistas quemaban etapas estudiando chino. Pero la fiesta derivó a que, además de correoso en Política y Economía, el mundo capitalista seguía animando el guateque cultural, desde la más alta futrosofía a las hamburguesas e incluyendo la capacidad de generar y digerir sus propios críticos y hacer un rincón, a veces incluso grato, a los críticos ajenos, que gozaban las ventajas del mundo que criticaban y veían desde la barrera los daños que producía en terceros. La parrafada pomposa que antecede viene a cuento de que el imparable avance de nueva Cultura socialista no se dejaba ver en cómo los americanos nos colocaban los tejanos, la coca-cola, los haigas , Marilyn, Lemmon, Disney, Dylan, Warhol y de ahí para arriba todo un paquete cultural ante el cual apapanamos mil y una veces por activo que tuviéramos el chip de la tirria a lo yanki. En ese paquete de pautas culturales también estaba el tío cachas a caballo con su pitillo rubio que nos vendió por millones de millones. Luego resultó que el tío cachas y otros muchos miles, tan cachas, igual de cachas o sin media bofetada, cascaban de infartos, arterioesclerosis, cánceres, etcétera, cuya relación con el tabaco no necesitaba ser demostrada. Con el alquitrán de algunos pulmones se remataban las autovías. Llovieron en USA denuncias, sentencias, campañas, leyes y reglamentos contra el tabaco y los fumadores, empezando por la advertencia de que lo que compras y quemas perjudica gravemente, bla, bla, bla... Todo eso llegó aquí como una moda o influencia americana más y se levantó la veda de cazar tabacos, tabaquismos y tabaquistas. Dios me libre de media palabra en favor del tabaco y ya me libro yo de algunos coñazos de militancia antitabaco. Es axiomático que toda militancia es coñazo y las hay con balcones a la calle. Sin comparaciones ni escalas, esperemos que nuestra autonomía cultural, ética, médica, higiénica, etcetera, le ponga pronto a las botellas del patrio alcohol, negocio no menor que el de las tabaqueras americanas, esa misma etiqueta de que el producto a consumir puede dañar seriamente tu salud. No hace falta insistir en las muertes, enfermedades, accidentes, daños físicos y sociales multimillonarios que el alcoholismo causa ya desde la reválida inicial que llamamos botellón . Es desagradable ser fumador pasivo y estar al cheiro y al riesgo, pero no lo es menos el ser bebedor pasivo: los familiares del alcohólico violento o inútil, o el que se lo topó en la carretera, preferirían un colillazo. Pero ya dije antes que el alcohol es patrio y lo patrio es sagrado y, por tanto, no es de temer que los sagrados intereses patrios consientan en colgarse la ominosa etiqueta de que perjudican, bla, bla, bla ...