TRIBUNAL, ¿PARA QUÉ?

La Voz

OPINIÓN

06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Jiménez de Parga es uno de los grandes juristas españoles. Lo ha demostrado en la cátedra, en la empresa y en sus cargos públicos. Por ese motivo apenas encontró oposición cuando fue propuesto para presidir el Tribunal Constitucional, institución que vigila la concordancia de las leyes con la Constitución y valedor último de los ciudadanos a través del recurso de amparo. Hoy, Jiménez de Parga está al frente de ese Alto Tribunal, en un ambiente sosegado, sin grandes tensiones visibles. Pero me temo que esa tranquilidad se le ha terminado al profesor Jiménez de Parga. Y todo, porque ha hablado. Y se ha pronunciado sobre algunos de los aspectos de caliente actualidad. Por ejemplo, sobre ese referéndum que Ibarretxe, según Arzallus, «lleva en la cabeza». Y lo ha descalificado. Ha dicho que no cabe en la Constitución. Es verdad. Tiene toda la razón del mundo. Pero, ¿cuánto calculan ustedes que tardará el PNV en reprocharle que haya condicionado con su alta autoridad una idea que, por ahora, sólo existe en la imaginación nacionalista? Yo, por mi parte, le plantearía algo más elemental: en la medida en que se pronuncia como un político, está politizando el Tribunal que preside. Si los jueces sólo hablan a través de autos, el presidente del TC sólo puede hablar a través de sentencias. Y de asuntos de debate político, nunca. A continuación, el señor Jiménez de Parga se ha lanzado a pronunciarse sobre la ilegalización de Batasuna. Ha dicho que las reformas que se preparan son perfectamente constitucionales. ¿Por qué? Pues asómbrense ustedes: porque se supone que el Gobierno y los expertos han estudiado debidamente el asunto. Y yo planteo: como se supone que la obligación del Gobierno es estudiar muy bien los asuntos que aprueba; como se supone que su intención es siempre hacer normas que no contradicen la Constitución, ¿para qué queremos el Tribunal Constitucional? ¿Para qué esperamos sus vitales dictámenes durante tantos y tan interminables años? Fiémonos del Gobierno y sus decisiones, y ya está. Suprimamos el T.C., y habremos contribuído un poco más al déficit cero. Que, por cierto, está recurrido ante ese mismo Tribunal.