OPINIONES DE POETAS

La Voz

OPINIÓN

03 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La primera mitad de la historia del Estado de Israel es la de un crucial interrogante ¿o varios¿ sobre sus posibilidades de sobrevivir. Esa cabal inquietud dejó de plantearse en términos militares a partir de la guerra de Yom Kippur en octubre de 1973, y desapareció durante las tres décadas ulteriores a traves de diversos acuerdos y tratados. Hoy vuelve a plantearse bajo la siguiente forma: ¿Qué posibilidades tiene Israel frente a un terrorismo suicida, con o sin Arafat de por medio? Este terrorismo suicida es denominado por Vázquez Montalbán «terrorismo catacúmbico palestino» frente a lo que el mismo Manolo llama «terrorismo del Estado de Israel». La razón del adjetivo catacúmbico habría que buscarla en el hecho de que M. V. M. siempre ha sido algo poeta. W. H. Auden también era poeta, aunque de otra índole. Tan de otra índole era que dedicó uno de sus ensayos reunidos en el libro La mano del tintorero a analizar bastante pormenorizadamente lo poco de bueno que le vendría al mundo de poner sus asuntos políticos en manos de los poetas. Es un ensayo que debería ser de obligada lectura en los colegios de la península ibérica, teniendo en cuenta, sobre todo, que Auden nunca fue hombre sospechoso, y murió antes de que se iniciara esta época en la que todos lo somos. Es Saramago ¿que de poeta tiene todo lo que puede tener de poético un novelista galardonado con el Nobel¿ el responsable de que mi consejo en cuanto a la obligada lectura del ensayo de Auden abarque la península sin atención a sus limitaciones políticas. Saramago es un hombre comprometido consigo mismo y persuadido de que esa vocación de compromiso tiene algo que ver con la moral y con la ética y con los pasos que sus semejantes deberían asumir como propios. Es el progre universal, el intelectual que está harto de darse en sueños el pico con el Espíritu Santo. Arrebatado por tan escasa necesidad de abuela, Saramago pone un pie en Israel o en Palestina y dice que los palestinos son como las víctimas de Auschwitz.. Cuando los intelectuales israelíes más enconadamente opuestos a Sharon le dicen que sus palabras no son infamia ni felonía alguna, sino tan sólo una estupidez rotunda, el portugués responde que su intención sólo era la de «introducir un revulsivo en la sociedad israelí». O sea que Saramago se planta ante una sociedad con cincuenta y cinco atentados en dieciocho meses, y no se le ocurre otra cosa que endosarle un revulsivo. Pero tampoco Saramago está sólo. Javier Madrazo, coordinador de IU en el País Vasco, y hombre diestro en este tipo de cosas, aprovechó el Aberri Eguna para igualar a ETA con Ariel Sharon, con lo que demostró hasta qué punto goza de la dosis de dioptrías más adecuada para ver y hacerse una idea de lo que ocurre a su alrededor. Claro que no acaban ahí las cosas que a uno le dejan perplejo. Yendo al meollo mismo del asunto, nadie ha explicado suficientemente por qué Arafat no pudo hacerse oír en la XIV Cumbre de la Liga Árabe. Eso por un lado. Por el otro, todos coinciden en que Arafat está cercado en Ramala. Y en esas llegan cincuenta militantes de la antiglobalización, sortean a los soldados, eluden a los francotiradores y penetran hasta el despacho del Rais para besarle con toda la unción del mundo. ¿Llaman cerco a un asedio tan franqueable y poroso? ¿Llaman Auschwitz a eso?