El ilustre polígrafo logrosaniego don Mario Roso de Luna, del que se han cumplido ahora setenta años de su muerte, fue una de las mentes más prodigiosas y sugestivas de la España del primer tercio del siglo XX. Su influencia en el grupo de teósofos, galleguistas y escritores de Pontevedra y especialmente en su amigo Vicente Risco, está por estudiar en profundidad. El grupo teosófico Marco Aurelio , promovido por Aldao en la ciudad del Lérez, editó en forma de separata el capítulo dedicado a la música de Beethoven de su libro sobre Wagner prologado por Adolfo Bonilla. También asesoraría a Filgueira Valverde para la elaboración de su tesis doctoral. En periodos históricos en que «todos los ideales han ido cayendo», Roso cree que el hombre debe buscarse a sí mismo. Hay que saber preguntarse ¿A dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Son tiempos de búsqueda de la propia identidad como persona y como pueblo. En el plano antropológico, se buscan las huellas de la Tradición primordial a través del estudio del simbolismo de las diferentes religiones antiguas, de las huellas de las más antiguas tradiciones ibéricas, la mayoría de las veces ocultadas o reconvertidas por el Cristianismo durante su largo proceso de hegemonía, política, económica y cultural. Se trataba de comprender y reinterpretar muchas de las leyendas a la luz de ciencias nuevas como la Polididáctica (o historia comparada de las religiones) o la Metapsíquica (o estudio de los fenómenos psíquicos o paranormales), que había alcanzado cierta madurez con las investigaciones de sir William Crookes, el descubridor del talio, o de Carlos Richet, el catedrático y premio Nobel de Medicina de 1913. Pese a que era licenciado en ciencias, Roso prefiere el estudio de las doctrinas teosóficas, lo metafísico, a continuar las prácticas experimentales con medium. Roso estudió mitos gallegos como el de la Santa Compaña, llamado Huestia en la vecina Asturias, retomado luego por Vicente Risco en sus estudios etnográficos recogidos en la Historia de Galiza o el de la Vaca astral que también Risco comentaría en Leria , junto con una reflexión sobre la verdad de la leyenda. Roso fue uno de los animadores del Ateneo. Influyó también en Valle y en muchos de los ilustres contertulios de la famosa Cacharrería o del café Gijón. Astrónomo, descubridor de un cometa que lleva su nombre, y de tres estrellas temporarias, padeció la incomprensión que cierta España oficial, mediatizada por el clero, ha mostrado a veces con alguno de sus más ilustres hijos, impidiendo, por ejemplo, ofrecer a la juventud una educación laica alternativa. Así el ministro de Instrucción Pública, Alba, le negó una cátedra acusándolo de «budista». Abandonó el ejercicio del derecho, materia en la que se doctoró, porque encontraba la justicia demasiado condicionada por el caciquismo. De economía precaria, sus actividades de periodista y escritor le iban librando de «practicar la voluptuosidad del ayuno» como decía Valle, a quien dedicó su libro De gentes de otro mundo .