LO QUE LLEGA A TODAS PARTES

OPINIÓN

20 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Cada vez es más cierto ¿como dice Fraga¿ que lo que se hace y se dice en Europa no es clasificable como política exterior, y que muchos de nuestros intereses cotidianos se reconocen en cosas que suceden en cualquier país de la Unión Europoea. En este proceso han resultado decisivos algunos pasos que rompen con la experiencia del sitio distinto , entre los que cabe citar expresamente dos: el convenio de Schengen, que inicia el camino de la ciudadanía europea, y la moneda única, que nos da una extraña sensación de estar en casa, o de tener un ámbito de poder común. Ello no obstante, también hay que reconocer que la inercia de los estados sigue pesando mucho, y que todavía hay asuntos que, siendo comunes, con toda evidencia, siguen siendo analizados y abordados con criterios particulares, como si Europa no existiese, o como si cada uno tuviese su piedra filosofal. El martes, por ejemplo, todos los periódicos italianos hablaban de la inmigración ilegal, que aquí llega en enormes barcos, a punto de desguace, y cargados con centenares o miles de desesperados, entre los que suelen contarse muchos niños pequeños y mujeres embarazadas. Y ayer mismo, sin darnos respiro, todos los titulares estaban dedicados al profesor Marco Biagi, asesor del ministro Maroni, que fue asesinado en Bolonia, en la tarde del martes, cuando regresaba a casa montando su bicicleta. Era como estar en casa, viendo como el ministro dell¿Interno baralla sobre el problema migratorio sin más ocurrencias que las de sellar fronteras y declarar excepciones, o como Umberto Bossi aprovecha la oportunidad para exigir leyes más duras contra los ilegales, y como todos los periódicos tratan de calibrar la estrategia del terror desde un contexto limitado, que siempre acaba ignorando la realidad y fabricando argumentos muy útiles para quienes quieren hacer el futuro con la pistola. Para los italianos era como visualizar los dos grandes problemas que tiene su país en este momento. Pero desde mi personal perspectiva era la evidencia de que estamos ante formas de acción globalizadas, que hunden y alimentan sus raíces en las grietas de una política europea que todavía no se atreve a asumir como propias ciertas cuestiones que, tanto por sus objetivos como por su forma de acción, desbordan claramente la política de los estados. Con Biagi o Lluch, en pateras o cargueros oxidados, y con Scajola o Rajoy, lo cierto es que estamos ante problemas que ya no son de Italia o de España, sino de Europa, y que sólo en Europa tienen explicación y solución. Por eso hacemos mal yendo contra el terror con políticas sectoriales y locales. Porque es evidente que los asesinos ya se han globalizado.