FELIPE, EL CONSTRUCTOR

OPINIÓN

20 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

¡Pobre Felipe González! Como Julio Camba, ayer pudo exclamar: «¡Hay años en que uno no está para nada!». Y es que todo le sale mal. Sólo quiere hablar en la Ser y escribir artículos en El País . Pero, aun así, si hace alguna declaración, se le echa encima el ejército mediático como si hubiera dicho una herejía. Muchos observadores le atribuyen un papel nocivo en todo lo que pasa en el Partido Socialista. Lo presentan como inspirador de disensiones. Y su fantasma es agitado cada vez que asoma un indicio de discrepancia interna. Parece el demonio en persona. Pues todo eso no es nada comparado con lo que viene. Ahora le han descubierto una sociedad familiar. Ahí me tienen ustedes al líder natural del socialismo español tratando de arañar unas monedas al fisco. Ahí me lo tienen, emergiendo como conferenciante, promotor de cursos, editor, librero o empresario televisivo, que todos esos fines figuran en el objeto social de la empresa. ¿Quieren algo más? Lo hay, lo hay: el Felipe constructor, que a través de esa sociedad prevé comprar y vender fincas, urbanizar terrenos y construir, rehabilitar y arrendar edificios. Un hombre polifacético. Un socialista que se ha pasado al capitalismo. Hay que decir que centenares de miles de españoles tienen sociedad familiar, pero sólo uno se llama Felipe González. Casi todas esas sociedades prevén la actividad inmobiliaria, porque no se pueden poner puertas al campo, pero sólo una tiene a su frente a Felipe González. Lo que resulta extraño es que una persona que sabe que tiene los perros detrás haya caído en un descuido tan poco perdonable: no ha comunicado su creación al Registro de Intereses del Congreso. Como es una obligación de todos los diputados, le han pillado. Ahí le espera el ejército mediático. Personalmente, no creo que el ex-presidente tenga voluntad de ocultación. Sería demasiado tonto, y al señor González se le pueden poner todos los calificativos, menos ese. Tampoco se le debe aplicar por esto aquello de la mujer del César. Todo es mucho más sencillo. Tan sencillo como esto: Felipe González lleva tanto tiempo sin asistir al Congreso, que se ha olvidado de que existe.