GOEBBELS ¿HA MUERTO?

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO ONEGA

19 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Te van a echar, Fermín Bocos. Te van a echar, porque ayer has sorprendido, molestado, enturbiado, fastidiado y mortificado la placidez aznariana post-cumbre con sólo dos palabras: concepción propagandística . «Este Gobierno, has venido a decir, tiene una concepción propagandística de su labor». Y esas cosas no se dicen, Fermín. Caca, neno. Esas cosas se piensan, pero la libertad no da para tanto como para decirlas en un medio tan masivo como la radio. Mira, compañeiro: si el señor presidente del Gobierno entiende que la Cumbre de Barcelona ha sido poco menos que la refundación de Europa, tiene que ser verdad. Si el mismo señor presidente dice que era más divertida una España con el alegre reparto de los fondos reservados, no es propaganda, tiene que ser verdad. Si el señor ministro de Exteriores asegura que ha sido un éxito, uno de los mayores de España y, desde luego, el mayor éxito de todas las presidencias europeas, tiene que ser verdad. Si el señor ministro de Economía nos presenta los acuerdos sobre liberalización como nuestra salvación y la salvación de nuestros hijos, tiene que ser verdad. Si los portavoces oficiales y sus terminales siguen asegurando que los manifestantes anti-globalización son violentos ¿y el Partido Socialista más, por sumarse¿, aunque las manifestaciones hayan sido un remanso de paz y expresión lúdica, tiene que ser verdad. Si el señor ministro portavoz del Gobierno dice que lo han convocado para estar en Los desayunos de TVE y él se limitó a acudir disciplinadamente porque era adecuado hablar antes de la Cumbre, tiene que ser verdad. Todo tiene que ser verdad. Goebbels ha muerto, como Montesquieu. Ningún gobierno del mundo, y menos el español, se deja llevar por la frivolidad de concebir su trabajo como una operación propagandística. Es cierto que a veces vienen las excepciones. Por ejemplo, este último domingo la prensa de la Ciudad Condal publicaba un anuncio a toda plana que decía: «Gracies, Barcelona», y firmaba de puño y letra José María Aznar. Pero eso, querido Fermín, no es propaganda, aunque lo parezca. Eso es publicidad.