Cuando un Estado apoya su legitimidad en una Carta Constitucional cuyo principio vertebrador es la igualdad de quienes conforman su cuerpo social, está obligado por encima de todo a respetar y exigir el cumplimiento de tal principio antes de que cualquier colectivo, grupo, asociación u organización tenga que salir en defensa de sus derechos. Si ese Estado, además, ha manifestado su adhesión a los presupuestos reguladores de la Declaración universal de los derechos humanos, y además es laico, no puede consentir que sujetos con poder dentro de la jerarquía eclesiástica se permitan declaraciones como las realizadas por el señor Gea Escolano, abiertamente discriminatorias y homofóbicas. ¿Por qué expresiones relativas a la configuración de un determinado mapa político despiertan recelos, réplicas, contrarréplicas y reiteradas apelaciones a la Constitución y, en cambio, expresiones vejatorias contra sujetos o colectivos no suscitan las mismas respuestas? ¿Por qué tenemos que ser sujetos de deberes si no lo somos de derechos porque el Estado que tendría que garantizarlos no lo hace? Todas las opciones sexuales (heterosexualidad, homosexualidad, negación o anulación de la sexualidad) ejercidas con libertad (en la medida en que el peso y la presión de las convenciones y del imaginario cultural posibilita esa libertad) son igualmente lícitas y así lo recogen nuestras cartas magnas. Quienes ejercen el poder, en virtud de la representatividad que ciudadanas y ciudadanos le han otorgado, no pueden hacer dejación de su responsabilidad. Lo contrario resulta terriblemente alarmante y el silencio (la falta de acción) respecto a actitudes o discursos discriminatorios pone en entredicho la legitimidad de ese poder. De modo equivalente, la autoridad moral de quien muestra su valentía a través de los medios de comunicación en afirmaciones anticonstitucionales y despreciativas, y se esconde cuando quienes han sido objeto de su ofensa se manifiestan delante de su feudo, queda suficientemente descalificada. Ejemplo manifiesto y significativo de esta falta de autoridad moral ha sido el comportamiento del obispo de Mondoñedo-Ferrol, huyendo ante la convocatoria de una concentración contra la homofobia por parte de Legais (Colectivo de Lesbianas e Gais de Vigo), el domingo16 de febrero, que reunió cerca de un centenar de personas delante de la catedral cuya titularidad le corresponde.