Los alcaldes socialistas de la provincia de Lugo, más bien pocos, y diputados, tampoco muchos, se han encerrado en la Diputación. Dicen que Cacharro Pardo, su presidente, no reparte bien los fondos del plan operativo local. Y van, y amenazan con una huelga de hambre. Son poco tolerantes. Los socialistas de Lugo tienen un problema con Cacharro. Lo tienen desde hace tiempo. Porque no siguen la partitura de la orquesta, ballet y coros que, con tanto acierto, dirige el presidente en el territorio provincial. Los problemas los tienen ellos y no el líder que para eso gana las elecciones. Todo lo más mantuvo pequeñas escaramuzas con la justicia. Es cierto. También con el Valedor do Pobo, con el Tribunal de Cuentas, con sus hombres de confianza, con alcaldes a los que promovió, apoyó y defendió; con medios informativos, con conselleiros, directores generales y hasta con algún ministro. Meros sinsabores para una dedicación tan intensa. Pero ya va siendo hora de que los socialistas de Lugo sepan que allí se pasa factura por las discrepancias, las infidelidades, las exigencias de claridad y hasta por opinar. Por no cantar afinado. Estos socialistas deberían de dedicar más tiempo a la literatura. Hay que leer más y encerrarse menos. Y leer, por ejemplo, a García Márquez. Y disfrutar con las acertadas y deliciosas descripciones que realiza de imaginarias repúblicas caribeñas, con sus generalitos turbios y sin gloria, que terminan por creerse insustituibles. Ahí sí que habría motivos para encerrarse. Los alcaldes y diputados socialistas de Lugo, más bien pocos, se quejan de vicio. Es cierto que la provincia presenta uno de los índices económicos y de desarrollo social más bajos de esta Europa unida que con tanto orgullo trata de impulsar Aznar en Barcelona. Es cierto que también se tambalea el índice del ejercicio democrático. Pero peor aún están en Zimbabue.