SÓLO ETA ES EL ENEMIGO

La Voz

OPINIÓN

Todo el mundo coincide en resaltar la persistente gravedad de la situación en el País Vasco. ETA sigue matando, extorsionando y condicionando la libertad y la democracia en Euskadi. Sin embargo, paradójicamente, cada vez son más frecuentes y sonoras las discrepancias, entre las fuerzas democráticas, sobre la lucha antiterrorista, tema que por su naturaleza debiera permanecer al margen de la lucha partidista. La desaparición de ETA, a medio plazo, exige una política que haga avanzar, simultáneamente, tres líneas fuerza: eficacia policial y judicial en la persecución de la banda terrorista, mejora de la colaboración internacional, especialmente la francesa y aislamiento político y social del entorno violento. No parece que existan diferencias de fondo en relación a los dos primeros objetivos, pero sí, y muy agudas respecto al tercero. Las discrepancias no proceden, como insinúa el Partido Popular, de la existencia de diferentes grados de firmeza respecto al terrorismo. Todos los demócratas compartimos que acabar con la violencia implica la derrota de ETA, sin albergar ninguna ilusión en que las concesiones puedan amansar a la jauría, ni mucho menos pensar que se pueda pagar precio político alguno a los asesinos, cuyo único objetivo es la consecución de un régimen totalitario y excluyente. Las diferencias expresan la existencia de enfoques diversos sobre la política y la estrategia que es necesario poner en marcha, para lograr la necesaria deslegitimación del nacionalismo violento, que conduzca a la pérdida de su base social e interrumpa los mecanismos de reproducción generacional del entorno de ETA. Para el PP, la derrota de ETA es inseparable de la derrota de todo el nacionalismo, lo que implica perseverar en la estrategia de confrontación entre dos polos, entre dos frentes cerrados e irreconciliables: el nacionalista y el no nacionalista. Confrontación que, si bien produce indudables réditos electorales, no soluciona el problema. Unidad democrática Por su parte el Partido Socialista de Euskadi (PSE) y otros sectores de la izquierda defienden la tesis, que comparto, según la cual la derrota de ETA será más fácil y más rápida si se reconstruye la unidad democrática contra el terrorismo y se recupera al PNV para dicha política. Es decir si se logra que la polarización entre demócratas y terroristas sustituya al enfrentamiento entre nacionalistas y no nacionalistas. Naturalmente esto no implica asumir las posiciones del PNV, ni renunciar a la alternancia política en el País Vasco, pero sí exige tener sensibilidad ante los cambios que se vienen produciendo en el nacionalismo democrático, desde las elecciones del pasado año, y comprender que esa perspectiva es la que preocupa a ETA, que intenta cerrarla por todos los medios a su alcance, es decir a sangre y fuego. Pero recuperar la política de unidad democrática no será fácil, y demandará de todos esfuerzos y renuncias. El PNV deberá concluir que, sin abjurar de sus legítimas aspiraciones históricas, éstas no pueden ser planteadas mientras persista la violencia y el terrorismo y por tanto debe de volver a las posiciones que hicieron posible Ajuria Enea. Pero el PP tiene que abandonar su aspiración a monopolizar la lucha contra ETA y subordinar su obsesión electoralista a al eficacia de la lucha antiterrorista. Y todos deben de renunciar a la tentación de hacer política con el terrorismo y asumir que sólo ETA es el enemigo.