MUY BIEN PUESTOS

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO ONEGA

12 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La ministra de Educación, esa moza menuda y cuarentona que se llama Pilar del Castillo, los tiene bien puestos. Fue una roja muy roja que militó a la izquierda del PCE, y se ha convertido en ariete del PP. Lleva dos años en el Ministerio, y está a punto de culminar el cuadro de reformas de la enseñanza. El último paso es la Ley de Calidad de la Enseñanza, cuyos primeros papeles se empezaron a ver ayer: al fin, el lobo enseñó su patita en forma de primer borrador a los consejeros de educación de las autonomías. Y agítense los pupitres: ahí está la bicha, el fantasma del año, ¡la reválida!. Lo único que ha cambiado ha sido el nombre: «prueba general de Bachillerato». La ministra que-los-tiene-bien-puestos se ha lanzado, pues, a la piscina. ¿Será por ovarios? Ella sabe que le harán manifestaciones. Sabe que habrá huelgas. Le volverán a llamar «franquista». Ayer mismo, Zapatero le recordó que su ley de Universidades es una de las que han causado más agitación. Pero ella no se amilana ni se acongoja. Es el último eslabón de su reforma, y lo va a acometer. Y no se conforma con la reválida. Establece cuatro itinerarios. Y, sobre todo, elimina ese coladero que permitía pasar al curso siguiente aunque se hubieran cateado todas las asignaturas. ¿Ganará la batalla de la opinión pública? Es seguro que no convencerá a los estudiantes. Es probable que convenza a los padres preocupados por el deterioro de la enseñanza. Y es posible que, en vez de tranquilizar a la izquierda política, la irrite más. ¿Cómo van a aplaudir los políticos socialistas una norma que tumba y ridiculiza la LOGSE que ellos aprobaron? La señora ministra que-los-tiene-bien-puestos ha de contar, pues, con una nueva rebelión en la calle y en las aulas. Pero este escribidor le envía un consuelo: si todas las críticas se quedan en lo escuchado ayer («es una reforma sin financiación», dijeron las primeras voces), puede estar muy tranquila. La ley no debe de ser tan mala. Y además, ordenar y mejorar las enseñanzas medias sin que cueste un duro, no es un defecto. Es un gran mérito. Lo perverso es que nos cueste tanto una educación tan defectuosa como la actual.