MARÍA XOSÉ PORTEIRO
10 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Está a un paso, pero si hacemos la conversión kilómetro/hora nos sentimos aún más cerca de un territorio con el que configuramos la fachada más atlántica de Europa y del que estuvimos alejados durante demasiado tiempo pese a todo lo que tenemos en común. Una proximidad física y cultural que parece perder relevancia ante la indiferencia con que estamos asistiendo a la celebración de sus elecciones generales la semana próxima. El resultado nos aclarará si el nuevo ciclo abierto con la caída de los socialistas en las municipales de diciembre tendrá continuidad y confirmación en el ámbito estatal. La campaña está encontrando escaso eco en Galicia y sorprende si recordamos que la eurorregión lidera un proceso pionero y modélico en el nuevo escenario de alianzas entre ciudades y regiones de la UE. Hace ya diez años que el Eixo Atlántico, junto con la Comunidad de Trabajo Galicia-Norte de Portugal, configuran un espacio de cooperación que otras zonas, como la vasco francesa o las repúblicas bálticas, consideran un ejemplo a seguir.Y sorprende más si observamos como la colaboración institucional está dando paso a otro tipo de encuentros, como el interés de Brisa, la concesionaria de Autopistas de Portugal, por incorporarse al grupo de cajas que aspiran a hacerse con la privatización de la A-9 con el irrefutable argumento de que el auténtico eje atlántico es el corredor Sevilla-A Coruña. O la evidencia de que las agencias de viaje más importantes de Portugal han puesto sus ojos en nuestro mercado como apuesta necesaria para potenciar el turismo interior. O la impresionante ampliación del aeropuerto Saa Carneiro que lo convertirá en un serio competidor para Lisboa, Madrid y Barcelona. Son sólo algunas razones para prestar cada vez más atención hacia lo que ocurre en el alén Miño, porque empezamos a constatar que cuando Portugal se resfría, Galicia estornuda.