ANDA JALEO, JALEO

OPINIÓN

07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Sólo un acontecimiento superó ayer en emoción a la final de Copa: la sesión de control del Gobierno. Ésa que hacen los miércoles, y parece pensada para lucimiento y gloria del jefe del Ejecutivo. Hay que añadir de inmediato que el partido ha sido bastante más civilizado, a pesar de la tensión creada. Que no me hablen del pedrusco que le tiraron al autobús del Deportivo. Que no me hablen, porque si el señor presidente, los ministros y los diputados tuvieran a mano una piedra, esta crónica tendría que ir en la sección de sucesos. Pero ¿qué les pasa a sus señorías? Están irritados como si les fueran a quitar la mujer. Tratan al adversario como un delincuente al que pillan con la mano en la cartera. Se echan en cara los peores antecedentes. Se atribuyen las más perversas intenciones. Uno le dice a Aznar que busca el voto de la extrema derecha. Otro le dice que, cuando se vaya, se irá el rencor de la política española. Aznar apela a la vergüenza de Caldera. ¡Jesús, Jesús! Y todo, para pedir ¿y negar¿ explicaciones sobre esa coña marinera de unas auténticas entrevistas falsas de un tal González en Rabat. ¿Ustedes han obtenido alguna luz que no hayan leído antes en el periódico? ¿Les han aclarado algo? Claro que no. Pero es que sus señorías no van al Parlamento a aclarar nada. Los miércoles van a sacarse los colores. Van competir a ver quién dice la palabra más gruesa. Y van a jalearse. Los señores diputados que nunca hicieron otra cosa que calentar los asientos con sus inmunes posaderas jalean y aplauden a su orador como quinceañeras figurantes que acaban de ver los contoneos de Bisbal. Dicen que el Parlamento tiene que ser así, vivo, palpitante. Estoy de acuerdo: ¡menos muermos! Pero tampoco me importaría que alguna vez hicieran una concesión al humor, que parece prohibido en el Congreso. Y no sobraría que formularan las preguntas sin demagogia, las respondieran sin insultos y aportaran alguna solución. No estaría de más. Mientras llega tanta ventura, miremos la parte positiva: la sociedad no tiene nada que ver con sus representantes. Si la sociedad estuviera tan crispada como ellos, aquí tendríamos un conflicto civil.