COHESIÓN Y POBLACIÓN PARA EL DESARROLLO

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ MANUEL ROMAY BECCARÍA

05 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En anteriores escritos resumimos las conclusiones del estudio de Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez sobre los retos para el desarrollo acelerado de Galicia, siguiendo los modelos irlandés y bávaro. Hoy quisiera concluir este examen. El modelo propuesto por nuestros autores exige que el sistema de cohesión social refuerce el carácter activo de los ciudadanos. Dos son los principales riesgos que hay que evitar. Uno sería la consolidación de una underclass dependiente de los ingresos públicos o la ausencia de incentivos para la búsqueda de empleo. El otro sería una respuesta poco exigente a la realidad del estancamiento demográfico y el envejecimiento de la población. De cómo den los gallegos respuesta a estos problemas, nos dicen, dependerá en gran medida el tipo de sociedad que vayan formando en este cambio de siglo. Tenemos que superar el estancamiento de la población. Si no crece la población, no crecerá el número de personas que son potencialmente emprendedores, creadores de empresas y por tanto de riqueza (Krueger, 1998). El retroceso demográfico gallego es un problema grave y las reiteradas advertencias al respecto del presidente de la Xunta no dejan ninguna duda sobre la importancia que da a ese problema. Probablemente para mantener el crecimiento económico y el empleo, Galicia necesite también de la inmigración. Tenemos, por último, que seguir combatiendo, dicen nuestros autores, tres patologías: dependencia, clientelismo y mafia. Tenemos en efecto que seguir luchando contra la dependencia de monocultivos industriales (naval, por ejemplo) en algunas zonas (Ferrol o Vigo) y es bueno señalar lo que se ha conseguido ya en ese campo, por el dinamismo de la economía gallega. Tenemos que seguir combatiendo el clientelismo social o político, aunque también hay que decir que los cambios habidos en las últimas décadas están minando sus bases socioeconómicas. Tenemos, por último, que seguir la lucha decidida para erradicar las mafias relacionadas con el contrabando del tabaco o el tráfico de drogas ilegales que afortunadamente son un quiste cada vez menor y no parece previsible que vayan a más. Este estudio plantea un futuro para Galicia que sus prestigiosos autores consideran posible por muy ambicioso que parezca. Y esa posibilidad la basan en un análisis riguroso de la realidad económica, social y política gallega de las últimas décadas y de la actualidad. Que esa realidad debe mucho a la estabilidad política de los últimos años y al evidente progreso de Galicia, liderado por la Xunta y por los gobiernos presididos por Manuel Fraga desde 1989 es una opinión que compartimos muchos gallegos y casi todos los que nos visitan. Los potenciales y las carencias puestos de manifiesto los entienden estos autores como trampolines que puede usar la sociedad gallega para impulsarse hacia adelante (y hacia arriba) para «saltar por encima del futuro previsto o previsible». Este futuro supone apostar como lo viene haciendo Galicia y su gobierno por una economía a la bávara y/o a la irlandesa, es decir, basada en una economía que incorpore el mayor valor añadido y las mayores dosis de conocimiento posibles, apostar por una economía innovadora y exportadora y por una sociedad que invierte en capital humano, cultiva algunos de sus intengibles culturales tradicionales y hace más denso y flexible su tejido social, cuidando la cohesión social y considerando a las personas mayores como ciudadanos activos, depositarios, recreadores y trnasmisores de la memoria. Por último supone insistir en la apuesta por mantener y cultivar la identidad propia de los gallegos entendida como compatible con su identidad como españoles y originada en la competición fructífera entre las diversas tradiciones presentes en la formación histórica de esta identidad. Si Galicia continúa en los próximos años el camino emprendido en 1989, lo que supone seguir con las mismas apuestas que aquí se proponen y que compartimos tantos gallegos, estoy seguiro de que el objetivo tan ambicioso que nos señalan Pérez Díaz y Rodríguez lo habremos alcanzado en un futuro no muy lejano.