CANARIAS

La Voz

OPINIÓN

JUAN J. MORALEJO

05 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En mi primera visita a Tenerife, 1973, mi mujer y yo éramos los únicos españoles en un hotel atiborrado de alemanes. Sin decir yo palabra, el infeliz que montaba las hamacas me atendió farfullando que a dónde iba yo con esa cara de pasmado típica de los alemanes y lo tacaños que éramos en propinas... Tan discreto guanche renegó luego de no haber empleado en las quinielas su doble capacidad de acierto: acertó con el único que le entendía sus chorradas y que no se sintió nada estimulado a propinas. En 1980 fui a sembrar la confusión en La Laguna y varias tardes bajé a Puerto de la Cruz para comprobar que seguía a tope de foráneos y con muy poco producto nacional. Un avance informativo nos sorprendió con la dimisión de Adolfo Suárez, le chapurreé a una alemana archiañeja la noticia y, ¡vaya por Dios!, resultó ser la viuda de Adolfo Hitler y ya chocha perdida, pues celebró la dimisión porque Suárez estaba poniendo España en manos de los comunistas ... Y si bien se mira, que es como mejor se ve, aquella walkyria algo de razón tenía, pues los comunistas que ella se temía por fin llegaron con Suárez y la UCD, con González y el PSOE, que liquidaron la España cutre y empezó a haber currantes que viajaban para mejor cosa que emigrar en busca de mejor curro y fue novedad y ya no lo es que nuestros pensionistas echen su cana al aire en el mismo hotel que había sido monopolio de foráneos. Una cana al aire que daba gusto ver, con el del peluquín caoba dando lección de tango, con la clónica de Ana Kiro exhibiendo pasodobles, con el enamorado del chandal guay poniendo muy alto el listón de los boleros. Solamente un par de peros: en La Bomba los imperativos biológicos hacían que el movimiento sexy se quedase en movimiento Inserxy , que tampoco estaba mal. Segundo pero: había una comparsa de italianos que en Coyote Dax nos ganaban por goleada. Y es que con un pueblo fértil en artistas (Miguel Ángel, Verdi, Berlusconi, etcétera) no se puede competir de buenas a primeras. Una moza angustiada Y lo mejor de la semana: a la puerta del hotel la moza alporizada con gritos que hacían superfluo el móvil: ¡Jo, Ricardo, tío, es que lo tuyo es muy fuerte, tío, jo! ¡Tú me dices, tío, que estás ahí! ¿Y cómo sé yo que estás ahí, tío? ¿Jo, de verdad estás ahí? ¡No tendrás el morro de no estar ahí! Tuve que aguantarme las ganas de asegurarle a la angustiada moza que su Ricardo estaba ahí, precisamente ahí, pero el problema, ¡el problemón!, era despejar ese Ahí . Con el prefijo telefónico estas cosas no pasaban: con el 981 tienes cancha entre Corrubedo y Bares, y ya no es poco, pero con lo que sigue tu cancha es precisamente el Punto Ahí en que te quiere ver formalito tu novia mientras ella anda sin prefijo por Allí .