«ÉSE ES DEL PP»

La Voz

OPINIÓN

Y ése. Y ése. Y también ése. Sí señor: España está atestada, al parecer, de gentes del PP. Y es que, según me descubren, entre escandalizados y gozosos, algunos devotos socialistas, guardianes hoy de la ortodoxia zapaterista más estricta, no sólo son del PP, ¡faltaría más!, sus afiliados, sus votantes y todos los que simpatizan con sus ideas y su forma de mandar y gobernar. Ni hablar de la peluca: también ¿¡ojo al parche!¿ son (somos, debería decir, probablemente) de la cosa popular, los que ni estando afiliados al PP, ni habiendo votado nunca a la derecha, en sus distintas transubstanciaciones tras la primigenia Alianza Popular, ni simpatizando con sus maneras y políticas, nos atrevemos, ¡ay!, a discrepar de la supuesta habilidad con que Zapatero está conduciendo ¿es un decir¿ la política del Partido Socialista. ¿Recuerdan la teoría de Álvarez Cascos de que todos eran felipistas? Pues igual, pero al revés: ahora todos son (somos) aznaristas. Por ejemplo, es aznarismo, y de los buenos, sostener que resulta un grave error agarrarse al feo asunto del viaje a Tánger de González ¿como antes al del Tireless o al de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre los sueldos de los funcionarios del Estado¿ como si la vida de la oposición o del gobierno dependiera de esos temas. El episodio bufo del viaje de Felipe González constituye, sin duda, una vergüenza, que exige, por lo menos, el cese fulminante del embajador en Marruecos. Pero que nadie se equivoque en el PSOE: dentro de un mes sólo se acordarán de la cuestión los más forofos del partido, que son, por definición, los únicos a los que no hay que convencer. Espectáculo Y aznarismo es también, puedo asegurárselo, manifestar que el espectáculo que ha dado el PSOE a cuenta de la enmienda europea sobre al Plan Hidrológico español resulta demoledor, en lo que expresa; y muy preocupante, en lo que encubre. Pues expresa que el partido marcha sin orden ni concierto en asuntos de extraordinaria trascendencia; y encubre que Zapatero es incapaz de coordinar, integrándolas en una política auténticamente nacional, las diferencias autonómicas que inevitablemente se plantean cuando se trata de cómo repartir lo que tenemos en común. Considerar suicida la deriva socialista en Euskadi desde el desalojo de Redondo es, claro está, aznarismo puro y duro. Como aznarismo, en fin, es afirmar que la tendencia que expresa el último sondeo del hoy nefando CIS ¿que pierden posiciones el PSOE y Zapatero¿ coincide pe por pa con lo que uno percibe al hablar con los amigos. Lo cual es lógico, incluso tautológico, pues esos amigos son también, como no podía suceder de otra manera, todos del PP.