XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
03 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El primero que escribió sobre la guerra de baja intensidad fue Ignacio Martí-Baró, jesuita, compañero de Ellacuría, a quien se lo llevó por delante un pelotón de paramilitares experto en matar por medias raciones. Y lo que dijo Martí-Baró de la guerra de baja intensidad es que puede ser más grave y más injusta que la guerra abierta, y que sólo beneficia a los que juegan desde fuera para ganar algo y no perder nada. Tambien dijo que estas guerras, además de ser tan crueles como las guerras enormes, matan a las naciones, a los pueblos y a sus valores, ya que no hay nada que resista a cuarenta años de violencia indiscriminada. Pruebas de ello son El Salvador, cuya guerra inspiró la reflexión de Martí-Baró, y Guatemala, Afganistán, Angola, el Congo, Eritrea... Guerras que necsitan diez años en matar tanta gente como la negra noche de Dresde, pero que dejan países y sociedades cuya reconstrucción tarda veinte veces más de lo que precisó Alemania. Y no porque los alemanes sean más ricos o más listos, sino porque su horrible guerra, la guerra de toda Europa, fue un corte limpio en el cuerpo social, que, una vez detenida la hemorragia, deja emerger la misma gente, los mismos profesionales, los mismos estudiantes y los mismos músicos que había al empezar el conflicto. En las guerras tibias, que destruyen con el tiempo lo que no arrasan con las bombas, lo que queda detrás del silencio de las armas es una sociedad destruída, analfabeta, profesionalizada en la violencia, incapaz de reconducirse hacia el orden. Y ése es un mal que afecta a varias generaciones, como una gangrena que destruye a toda la nación. Pues bien, lo que están haciendo los Estados Unidos y Europa con Palestina es precisamente eso, reconducirlos a una guerra de baja intensidad, que mata por medias docenas pero que puede durar treinta años. ¡O cién! Y que, cuando termine, por puro agotamiento, va a dejar liquidado al pueblo palestino. Y no porque haya matado a miles, sino porque les está privando de todas las actividades que fundamentan la paz y la prosperidad de los pueblos. Sharon lo sabe, y está encantado. Powell y Solana también lo saben, aunque no sé si están tan contentos como Sharon. Y Arafat también lo sabe, aunque ya no le quedan arrestos para dejar de salvar a un pueblo al que no le puede aportar más que problemas, debilidades y un espantoso hedor a corrupción que Israel aprovecha a las mil maravillas. Cuando ya se sabe que los caminos de la paz están bloqueados, y cuando no se quiere arriesgar nada para parar la guerra, bajar la temperatura de un conflicto puede ser algo peor y más injusto que la guerra misma. En El Salvador lo fue. Y en Palestina van por ese camino.