EUSKADI: IMAGEN DEL CONFLICTO

La Voz

OPINIÓN

27 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Es cierto que en ocasiones una imagen vale más que mil palabras. Ésta que voy a describir la emitía el sábado pasado Informe Semanal. Un grupo de ciudadanos protestaba en una plaza contra el atentado que acababa de sufrir un joven vasco, cuando otros jóvenes, vascos como él, comenzaron a insultarlos. En esto, una mujer se encaró con los amigos de los terroristas y les gritó que la víctima de ETA era, al igual que ellos, un chaval, a lo que los otros respondieron hablando de los presos. La replica de la señora fue inmediata: «¡Están presos, pero están vivos!», contestó. Y cuando la muchachada proetarra volvió a increparla: «¡Y torturados!», la señora repitió: «Pero vivos». A tal locura hemos llegado. A que los mejores ciudadanos de un país asolado por el crimen acaben asumiendo que lo que diferencia a los verdugos de sus víctimas es que unos pierden (sólo) la libertad y otros la vida. Estamos ante una expresión más, aunque macabra, de la teoría del conflicto: la valerosa ciudadana que se encara a los proetarras no les contesta que los presos están encarcelados ¿¡y bien encarcelados!¿ por haber cometido crímenes horrendos, por haber asesinado o dejado inválidos a cientos de personas. ¡No!: les contesta que, a diferencia de sus víctimas, los verdugos están vivos. Eso sucede cuando la ley desaparece como parámetro social regulador de la vida de un país. Es decir, cuando, tras muchos años de presión ideológica, de miedo y de violencia, llega a aceptarse, de forma más o menos inconsciente, que ese país vive un conflicto político irresuelto, en el que todas las reivindicaciones, aunque no todas las acciones, son legítimas. Lo que conduce, claro está, a una alucinación: que lo que diferencia a los criminales de quienes sufren su violencia es que estos se juegan la vida y aquéllos nada más la libertad. Sólo la reposición de la ley como parámetro social permite entonces entender la verdad incontestable que esconde esa trampa del lenguaje: que lo que distingue a unos jóvenes de otros es que unos respetan la ley mientras otros la violan de forma sanguinaria. No se trata, por tanto, de que en Euskadi exista un conflicto no resuelto, que lleva a los jóvenes a tomar distintas posiciones, en contra o a favor de la violencia, expresión todas del conflicto. Lejos de ello, lo que sucede en Euskadi es que la violencia, y el encanallamiento que la misma acaba produciendo, ha conducido a miles de personas a perder la referencia de la ley como única forma de convivencia democrática en paz y en libertad. Ese es el auténtico conflicto, el único conflicto: un conflicto sencillamente sobrecogedor.