POR TIERRA, MAR Y AIRE

La Voz

OPINIÓN

23 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Como en una simultánea de ajedrez Galicia se juega el porvenir en una partida planteada en varios frentes: ¿cómo debe implantarse el tren de alta velocidad? ¿son adecuadas las actuales conexiones aéreas y la coexistencia de tres aeropuertos (cuatro si contamos Porto) en el noroeste peninsular? ¿deben primar los intereses de la actividad portuaria sobre aspectos más generales como los medioambientales? ¿quiénes y con qué repercusión para los usuarios se harán con la gestión privada de la Autopista del Atlántico? Es una ofensiva en toda regla que se desarrolla por tierra, mar y aire y que sitúa el foco de atención de los poderes fácticos y de los ciudadanos sobre algo tan crucial como las infraestructuras de comunicación. Somos un territorio cuasi insular por el aislamiento en el que estuvimos sumidos hasta hace poco y durante la mayor parte de nuestra historia pero estamos, por fin, afrontando una crisis de madurez y de crecimiento. Sin duda, llegamos con retraso a la toma de decisiones trascendentales para diseñar un futuro que debería ser ya presente, pero que nos toca definir para no dar pasos en falso. El debate se suscita al tiempo que se ha producido un cambio notable en el clima político, más propicio que nunca para que los representantes de los partidos que gobiernan este país desde la Xunta y los Ayuntamientos, se sienten en una misma mesa y además de compartir manjares se comprometan a encontrar las respuestas más atinadas, sin perder tiempo ni malgastar energías en rencillas menores. Además, los arúspices observan en el vuelo de los pájaros signos de que algo cambia. Las rivales Caixanova y Caixagalicia confluyen en su interés por Audasa. Empresarios, sindicalistas y políticos del sur concuerdan por fin en algo: el trazado del AVE. Y el rey del consenso, Sánchez Bugallo, da un triple salto hasta el centro de la diana contra la que Vigo y Coruña no tendrán más remedio que coincidir aunque sólo sea para disparar.