HIPERPOTENCIA

La Voz

OPINIÓN

IGNACIO RAMONET RES PUBLICA

20 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En tan sólo dos discursos, el 29 de enero y el 8 de febrero, el presidente norteamericano George W. Bush ha despilfarrado gran parte del capital internacional de simpatía que, después del 11 de septiembre, se habían ganado los EE UU, víctimas del mayor atentado criminal de la historia. ¿Qué ha dicho, en estos dos discursos, el presidente Bush? Esencialmente dos cosas: 1) que los Estados Unidos han identificado a tres países malvados -Irak, Irán y Corea del Norte- los cuales constituyen un eje del Mal porque están en posesión de armas de destrucción masiva y se encuentran en el umbral del poder nuclear. 2) Para combatir a estos países, en primer lugar a Irak, los Estados Unidos no contarán con sus aliados tradicionales (Reino Unido, Alemania, Francia) y, para eso, el presidente Bush ha anunciado un significativo aumento del presupuesto militar de su país. Este presupuesto ya era el más importante del mundo: representaba el doble de la suma total de los presupuestos militares de las cinco primeras potencias de la Unión Europea (Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y España) y equivalía a diez veces la suma de los presupuestos militares de Rusia y China. Pues bien, el presidente Bush estima que no es suficiente y ha decidido aumentarlo ¡en unos 48.000 millones de dólares! Este simple aumento equivale a una vez y media el presupuesto militar total de Francia, segunda potencia de la OTAN. En otras palabras, el nuevo presupuesto (379.000 millones de dólares) representa ¡el 40% de la suma total de todos los presupuestos militares del mundo! De tal manera, los Estados Unidos quieren conservar la inaudita ventaja militar que ya tienen y que hace de ellos la primera y única hiperpotencia mundial. En el plano geopolítico, Washington se encuentra en una situación hegemónica que nunca en la historia ningún país ha conocido. Militarmente, después de haber ganado la guerra fría por KO frente a la Unión Soviética, su fuerza es aplastante. No sólo son la primera potencia nuclear y espacial, sino también marítima. Son los únicos que poseen una flota bélica en cada uno de los océanos y cuentan con bases militares, de avituallamiento y de escucha en todos los continentes. El Pentágono va a gastar, sólo en concepto de investigación militar, más de 35.000 millones de dólares, o sea, más del presupuesto total de la defensa francesa. Lleva en materia de armamento varias generaciones de adelanto. Sus fuerzas armadas (un millón y medio de efectivos) pueden identificarlo todo, seguirlo todo y escucharlo todo, desde cualquier medio. Aunque no hayan podido prever los atentados del 11-S, poseen la capacidad de ver casi todo sin ser vistos, y, sin sentirse directamente amenazados, pueden destruir un objetivo, de día como de noche, con la mayor precisión. Washington dispone, además, de una impresionante gama de agencias de inteligencia (CIA, NSA, NRO, DIA) que emplean a más de 100.000 agentes y cuyo presupuesto es de 30.000 millones de dólares. Sus espías se encuentran activos siempre, tanto en territorio amigo como enemigo. No sólo roban secretos diplomáticos y militares, sino también científicos, industriales y tecnológicos. En el campo de las relaciones exteriores, la hiperpotencia rige la política internacional. Interviene en las crisis de todos los continentes y es la única potencia que actúa sobre el tablero mundial en su conjunto: desde el Cercano Oriente hasta Kosovo, de Timor a Taiwan, de Afganistán al Cáucaso, del Congo a Angola, de Colombia a Cuba... Además, Washington también pesa decisivamente en el seno de las instancias multilaterales cuyas opciones determinan el curso de la globalización neoliberal: G7, FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC... ¿Por qué un imperio tan arrogante, una supremacía militar, económica y tecnológica tan aplastante no suscita más críticas y más radicales resistencias en nuestro Viejo Continente?