XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
17 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Xosé Manuel Beiras nunca aspiró a ser imprescindible, ni intocable, ni a quedar al margen de la crítica política. Será consciente, sin duda, de lo mucho que significa en la historia del nacionalismo gallego y en la formación y consolidación de la estructura de partidos que va determinar nuestro futuro, pero no creo que ignore cuánto hay de circunstancial en este hecho, y hasta qué punto capitaliza en su persona y en su biografía un esfuerzo colectivo que va mucho más allá de nuestro tiempo y de las estructuras organizativas del BNG. Seguro como estoy de este hecho, yo mismo me he permitido dos lujos que en otra circunstancia no me hubiese perdonado. El primero, criticar bajo el nombre y apellidos de Beiras, y representar en sus hechos y actitudes personales, un gran error estratégico que compromete a todo el BNG, o que incluso podrían conectar con los pactos y acuerdos -tan rentables por otra parte- que ligaron al Bloque con los nacionalistas vascos y catalanes. El segundo, dar por sentado que, más bien pronto que tarde, el BNG deberá replantear las claves de su peregrinaje hacia el Pazo de Raxoi, y que, a la hora de redifinir esa estrategia, en modo alguno se puede soslayar la cuestión del liderazgo. Pero una cosa es criticar desde fuera, haciendo de Beiras una metonimia del Bloque, y otra muy distinta es echar sobre el candidato la crisis de resultados que experimentó el nacionalismo en las elecciones autonómicas, dando a entender que, mientras unos agotan sus posibilidades políticas, hay otros que están legitimados para tirar la primera piedra. Para mi es evidente que Paco Rodríguez se equivocó en su diagnóstico y se precipitó en sus conclusiones, y que por eso no se dio cuenta de que, además de estar cometiendo una gran injusticia contra el verdadero autor de los triunfos del BNG, da la impresión de querer huir de una quema que amenaza su propia trayectoria. Porque, si fuese cierto que Beiras sufre el síndrome de Moisés -un líder capaz de atravesar el desierto, pero inadecuado para la tierra prometida- ese problema afectaría mucho más a personas como Paco Rodríguez o Camilo Nogueira, que tienen todas y cada una de las tachas de Beiras sin haber demostrado la eficacia política de su imagen, sus modos y cualidades. Si se trata de discutir a fondo el futuro del BNG, y de replantear su posición y estrategias, nadie podrá evitar que Beiras se vea metido en el hoyo del huracán. Pero si se trata de cambiar algo para que todo siga igual, nada sería más injusto ni más erróneo que dirigir los dardos hacia quien representa la parte más moderna y más sólida del nacionalismo, la clave de sus avances y el velo necesario de su historia. Ese que es y se llama Xosé Manuel Beiras.