EL INCORREGIBLE CAVALIERI

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN CHAO

15 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La Unión Europea va viento en popa en lo que se refiere a la política financiera y monetaria, que para eso se hizo, mientras que la cultural deja mucho que desear. Un ejemplo: El 22 Salón del Libro de París, que se celebrará en marzo, estará dedicado a Italia. ¿Qué mejor ocasión, habrá pensado Silvio Berlusconi, primer ministro y encargado de las relaciones exteriores de la República vecina, de darle brillo a su deslustrada imagen? Anunció su venida a París para inaugurar tan magno acontecimiento. ¡Pataplún! La ministra de Cultura francesa, Catherine Tasca, descendiente de italianos -su padre escribió La historia del fascismo y fue perseguido por Mussolini-, declaró inmediatamente que no presidiría el acto por no estrechar la mano de Berlusconi, además de no desear su presencia. Revuelo en los dos países. Los organizadores del encuentro, sin duda bajo la presión de los italianos, -éstos han sufragado la reproducción en el interior del Salón de la Biblioteca palatina de Parma, una joya del siglo XVII, que les costó millares de euros-, comunicaron que «recibían a los italianos con un espíritu de amistad y de complicidad, en particular a su presidente Silvio Berlusconi». Dos adjetivos que levantaron ampollas. Algunos de los editores franceses más importantes, como Fayard y Christian Bourgois, apoyaron a la ministra y se niegan a recibir «a Berlusconi y a sus amigos» ya que no tienen «amistad» ni «lazos cómplices, con Berlusconi, ni con la componente neofascista de su gobierno», dijeron. En Italia, a parte de la reacción nacionalista de un pueblo que se cree insultado, algunos intelectuales de izquierda piensan que no es prudente satanizar a Berlusconi para no provocar la reacción contraria a lo que se busca. De todos modos, tanto los organizadores como el presidente italiano rectificaron su posición. Éste no vendrá a París, pues «estará ocupado en otros quehaceres», y los del Salón publicaron otro comunicado en el que los términos amistad y complicidad han desaparecido y sólo se habla de obligación de cortesía con los invitados. A pesar de la marcha atrás, los mejores escritores italianos han declinado la invitación de su gobierno. Además de Antonio Tabucchi, otros muy prestigiosos como Vizenzo Consolo rechazaron el honor de formar parte de la delegación oficial italiana. Este último intervino en la conferencia de prensa organizada para lanzar el Salón y anunció, textualmente, que no aceptaría ninguna invitación de los fascistas. Lo mismo hizo Sanvitale, y puede ser que ambos y otros vengan para no desairar a sus editores y lectores, pero corriendo con los gastos y sin deber nada a las autoridades italianas. Veinte días antes de la inauguración, se puede decir que de los sesenta escritores italianos invitados acepten la invitación unos veinte. Uno de los más determinados y activos en la protesta es Andrea Camilleri, famoso en toda la península por sus relatos policíacos que se desarrollan en el medio mafioso siciliano. Tan conocido es como Vázquez Montalbán en el mundo hispánico, y tal vez significativamente su detective se llama Montalbano. Acaba de declarar que Berlusconi no tiene nada que ver ni con la cultura ni con la democracia, y que no existe cultura sin democracia, ni democracia sin cultura. Camillere atacó varias veces a Berlusconi, a través de relatos y sainetes. No resisto a la tentación de referirles uno de los menos agresivos. Se titula El Incorregible: «Dios apareció en sueños al Cavalieri (entre paréntesis, llaman así a Berlusconi en Italia, y vuelvo a empezar, pues interrumpí el cuento). Dios se apareció en sueños al Cavalieri, quien lo reconoció inmediatamente, pues el Señor estaba tal y cual lo habían representado siempre, con una túnica inmensa y poblada barba de nieve. -He venido -le dijo Dios- para ver si entiendes de una vez que tu ambición desmesurada y tu sed insaciable de poder son completamente ridículas. Incluso si dominaras el mundo entero, siempre serías un don nadie. El universo, hijo mío, se acabó. -¿Qué quiere decir? -preguntó el Cavalieri- -Te lo voy a explicar -contestó Dios-. Imagínate que dispongo de una colección de miles y miles de botellas de champán. Ya descorché una, y lo que ustedes llaman Big-bang no es más que la explosión del corcho. Acabo de llenar una copa y me dispongo a beberla. Las estrellas que vuestros astrónomos ven nacer y morir son, ni más ni menos, las burbujas que se forman y explotan. Tú te encuentras dentro de esa copa, y esa copa es tu universo. Pero en cuanto haya terminado de beber el champán, el universo desaparecerá. ¿Has comprendido? -Perfectamente. ¿Y cuánto me costaría comprarle la colección de botellas?». Hasta aquí la parábola, pero la polémica no hace más que empezar y tal vez les vuelva a hablar del tema: Umberto Eco dijo que vendría, pero invitado por su editor, y con la intención de plantear el problema a fondo. Más radical es Erri de Luca quien también prometió venir, pues, dijo, todos los lugares son buenos para criticar a su gobierno actual. «Y si el Salón no es buena tribuna, protestaremos en la calle», concluyó.