XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
10 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Hace un mes, cuando Fraga y Beiras se fueron a hacer teatro al Restaurante Vilas, muchos comentaristas galaicos se pusieron a hablar de aquel vulgar almuerzo como si fuese el Congreso de Viena. Alguien se atrevió a insinuar, incluso, que aquella simple merluza marcaba un hito histórico en Galicia, y nadie pareció percatarse de que ambos comensales se limitaban a resolver un problema personal que, si a ellos les acucia mucho, a nosotros nos importa un bledo. Fraga preparaba su entrada en la historia como un hombre dialogante y flexible, y Beiras cumplía la penitencia que él mismo se impuso por el discurso de la noche electoral. Pero en ningún momento hablaron de hacer tenaza contra Aznar para reformar la Constitución, ni de la inminente adhesión de Fraga -¡estaba visto!- al Pacto de Barcelona. Hace cinco días, en cambio, cuando Fraga se fue a Bruselas a hablar con Eneko Landáburu, ningún comentarista se paró a analizar la conversación que tuvo lugar entre el responsable de los Fondos de Cohesión y el encargado de gastarlos. Y por eso puede haber muchos gallegos que todavía no sepan que aquello sonaba a bronca, como si Bruselas empezase a mosquearse con los países que, después de recibir pasta a esgalla durante diez años, siguen brillando con luz propia en el ranking de los pobres, vendiendo como un éxito el que, aunque entren en la UE las ruinas del Este, nadie le va a discutir al Finisterre el derecho a la limosna. Por eso resultó inútil que yo retrasase este comentario tres días, a la espera de que algún colega arrebatase el triste monopolio del comentario agudo. «Irlanda -dijo Landáburu- era pobre como ustedes, pero va como un foguete. Y Galicia -remachó- recibió tantos euros como Irlanda, pero va como una tortuga». Claro que nadie le dijo a don Eneko lo poco que nos fiamos del país y de nosotros mismos, y que, lejos de estar preocupados por la lección de los datos, preferimos recibir esos 600 millones de euros anuales (unos 100.000 millones de pesetas) anuales que nos permiten insistir en un modelo obsoleto de desarrollo y en los conciertos de Juan Pardo & Cía. ¡El desarrollo para Irlanda! Porque el choio de nuestra historia es la sopa boba de Bruselas. Castilla-León y Murcia perdieron su carnet de pobres. Pero aquí, don Eneko, ¡nos las sabemos todas!, y, gracias a estadísticas hechas en casa -como el vino- podemos ser pobres por fuera y ricos por dentro, según cuando y para qué. Por eso debemos seguir hablando del almuerzo del Vilas y de esa reforma constitucional que será el asombro del mundo. Porque el encuentro con Beiras suena mucho a Carnaval, mientras la diatriba de Landáburu puede caber en la Cuaresma o esperar al año que viene.