ABDULLAH JUGANDO AL FÚTBOL

La Voz

OPINIÓN

BLANCA RIESTRA

05 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Hace unos días, en la calle de Velázquez, en Madrid, un senegalés comentaba en total sintonía con un portero de la zona y varios paseantes desocupados la campaña del Ayuntamiento para erradicar la venta ambulante. «Menuda tontería», decía el portero. «Si es que no quieren que nos ganemos la vida honradamente», terciaba el mantero ante la aprobación de la parroquia. Recuerdo que yo iba al dentista y que el espectáculo de aquella concordia interracial en pleno barrio de Salamanca se me antojó curiosa, casi anómala, en todo caso, divertida. Cerca de mi casa, en Ventas, se instalan todos los días un par de africanos muy populares entre las amas de casa y los tenderos. A veces me siento con uno de ellos, Abdullah, que me cuenta retazos de su vida. Tiene veinticuatro años y es de Sierra Leona. Hasta hace tres meses trabajaba en la construcción. Tuvo la mala suerte de tener un accidente de trabajo y romperse un dedo. Lo despidieron. «Por eso me he puesto a vender discos. Mis hermanas siguen en Sierra Leona y necesitan que les mande dinero todos los meses. Vender discos no me gusta porque es peligroso. Estamos siempre angustiados. Últimamente hay mucha secreta, no sabes que son policías hasta que los ves venir y ya te han trincado. Si nos cogen se quedan con toda nuestra mercancía -lo cual a veces significa quedarse con todo nuestro dinero-; además corremos el riesgo de que nos pongan unas multas muy fuertes». «Nos mezclamos poco con otros inmigrantes. En general andamos juntos los guineanos y los de Sierra Leona porque hablamos el fulah, el dialecto de los pastores. No nos gustan los traficantes. Somos buena gente. Algunos fines de semana me voy pal pueblo -me dice Abdullah, casticísismo-». «¿Pal pueblo?», pregunto yo, boquiabierta. «Sí, pa Sigüenza. Antes de venirme a Madrid estuve allí en un centro internacional de refugiados durante un año y dos meses. Tenemos una liga de fútbol sala -se ve que lo del fútbol es su vocación-, por eso vuelvo cuando puedo. Otros domingos por la tarde nos reunimos todos los vendedores ambulantes de la zona y jugamos al fútbol en el Retiro o en un parque cerca de Ventas. Somos muy buenos -Abdullah sonríe-. Últimamente por las noches echan la Copa de Africa por la parabólica. Yo creo que va a ganar el Camerún». «Sí, me gusta el fútbol, pero lo que más me gusta son las lenguas. Yo tenía la secundaria en mi país y mis primos querían que me fuese con ellos a Inglaterra, pero yo ya sabía inglés y francés, me faltaba el español. En el centro de refugiados hice un curso de jardinería y otro de cantería, pero realmente lo que quiero es ir a la Universidad. Aquí es muy caro. Quiero estudiar Económicas y volver después a mi país, cuando haya paz. Sierra Leona es un lugar muy hermoso, se vive muy bien allí y hay mucha riqueza. Quiero volver a Freetown y buscar diamantes. Mi tío encontró muchos, era muy listo. Y con los diamantes, que eran enormes, se compró un piso».