MANUEL-LUIS CASALDERREY
04 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Después de leer los magníficos reportajes sobre Irlanda, publicados en La Voz, insisto en una vieja idea. Aquí, también en otros sitios, se presta más atención a las raíces que a los frutos. Las raíces son necesarias para anclarse en el tiempo y en el espacio y para no verse impelido por cualquier vientecillo foráneo que pretenda arrancarnos de nuestro ancestral asentamiento de ser y sentir. Las raíces son necesarias además para conducir los nutrientes a las zonas de elaboración de frutos. Si las plantas extienden en exceso sus raíces, pueden dar frutos raquíticos porque el alimento ha de recorrer un largo camino y llegará exiguo y exhausto a su destino. Aquí, las raíces, el pasado, son fuente de atención primaria. No hace falta más que ver el interés que despierta una piedra antigua y de ocasión, aparecida en una construcción urbana, o los miles de fiestas gastronómicas que tratan de mantener las raíces de las tradicionales enchentas. Aún estamos muy lejos de celebrar la fiesta del chip o de la fibra óptica, con pregoneros de Teleco de Vigo. Aquí, a los investigadores se les llena de raíces, con una magnífica formación becada, pero, a la hora de dar frutos, no se les brindan las empresas adecuadas.