ESTADO DE SITIO

La Voz

OPINIÓN

MANUEL ALCÁNTARA

03 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Sólo creen en fantasmas los que han visto muchos. Por eso crece el miedo a que vuelva el 11-S aunque caiga en otra fecha distinta. Ahora, mientras se celebra el Foro Económico Mundial en Nueva York, el pánico se ha instalado en todas las conciencias, incluso en la de algunos que parecían no tenerla. Según todos los indicios, Bin Laden, que es hijo de Alá y sobrino del hombre invisible, está muy interesado por una serie de objetivos dentro de EE UU. Básicamente, en centrales nucleares, en grandes obras de infraestructura civil y en esos monumentos que llaman emblemáticos. La cosa no es como para tomarla a broma. El propio Bush, cuya popularidad creció con la caída de las torres, ha reconocido que hay motivos de alarma. Los líderes mundiales analizan la crisis en un Nueva York en estado de sitio, vigilado por 4.000 policías. Antidisturbios, helicópteros y tiradores de élite lo escudriñan todo. No tienen tiempo para discutir sobre la globalización, que se dice que es imparable, pero que no va a parar el hambre. Tampoco pueden detenerse un solo minuto para pensar cómo se construiría un mundo más desarrollado e igualitario. Ellos son unos mandados y los que mandan están dentro.