«FARENHEIT 451»

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS RINCÓN DEL VIENTO

30 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

No es fácil liberarse de los demonios familiares. Dicen que en este país llevamos siglos buscando espacio para grandes empresas y que, en esa procura, siempre ha habido muchas víctimas, pero dos singularmente propiciatorias: los árboles y los libros. Del primer sacrificio dan cuenta nuestras ralas estepas castellanas, muy alejadas de aquellos tiempos en que -cuentan- una ardilla podía cruzar la Península saltando de rama en rama desde Hendaya a Gibraltar. Del sacrificio de los libros, qué vamos a decir, si hasta ha habido que instituir un anual Día del Libro, en que se nos anima a perdonarle su ingrata presencia -¡ocupan tanto!- y hasta a adquirir uno en la Feria, si es posible con la firma del autor, que suele ser para muchos lo importante. Un nuevo episodio de esta tradición ha llegado estos días a nuestra Universidad. Curiosamente, la búsqueda de espacio me ha permitido recuperar un par de libros míos agotados editados hace veintitantos años y echados ahora al cesto de lo inútil por falta de espacio. He de confesar que algo de pena me dio, pero también la alegría de poder regalárselo, dedicado, a un colega y amigo, que odia como yo esta tradición tan castiza y solanesca del Farenheit 451.