MARÍA XOSÉ PORTEIRO HABITACIÓN PROPIA
29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Proceden de Latinoamérica, África y Europa del Este. Son mujeres jóvenes, inmigrantes ilegales, reclutadas o secuestradas por mafias transnacionales. Un reciente estudio realizado por la organización feminista Alecrín sobre locales de alterne en Galicia, sitúa en torno a diez mil el número de mujeres con estas características a las que habría que añadir las que operan fuera del control de las organizaciones criminales. El fenómeno se apoya en la creciente feminización de la pobreza y de las migraciones en países subdesarrollados. El proyecto Transnational AIDS/STD Prevention Among Migrant Prostitutes in Europe, realizado en 1997, ofrecía cifras del porcentaje migrante entre las prostitutas en Europa: 90% en Italia, 25% en Suecia y Noruega, 85% en Austria, 62% en el norte de Alemania y 32% en el sur, 68% en Holanda, 50% en España y 45% en Bélgica. Desde entonces, el porcentaje ha aumentado en todos los países europeos consolidando una doble violencia que añade a la sexual, la ausencia de amparo como ciudadanas sin derechos reconocidos. Vigo es uno de los puntos clave de la explotación sexual de inmigrantes ilegales en Galicia y la convivencia con este tráfico es tan antigua como creciente. La calle Eduardo Cabello en Bouzas se ha convertido en el escaparate nocturno de rusas, africanas y albanesas y los vecinos protestan por la degradación del barrio donde se va asentando la violencia que conlleva, explícita e implícitamente, esta situación. Hace unos días, una joven albanesa era agredida al recibir el impacto de un cóctel molotov que le tiraron desde un coche en lo que parece un ajuste de cuentas. La policía intervino en este caso con prontitud y eficacia deteniendo a seis proxenetas. Si existiera voluntad política y conciencia social, esta forma de esclavitud contemporánea dejaría de entenderse como un mal necesario para convertirse en un oprobio intolerable para quienes creen en la defensa de la dignidad de las personas.