SÍDNEY

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ DE SOL A SOL

10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Es terrible el paisaje lunar, de volcán, que deja un incendio. Los alrededores de Sídney están en llamas, gravemente heridos. Es desolador. Quienes provocan el fuego son despreciables. Deberíamos quemarles a ellos las ganas. En Galicia conocemos muy bien a estos personajes. Intereses ecónomicos o simples tarados propician que los bosques terminen como brasa para churrasco. En nuestras antípodas se cargaron el mayor parque natural de Australia. El fuego es hipnotizador, pero la tierra quemada hipnotiza de golpe toda la tristeza. Miras tierra quemada, colinas negras, y algo se pone de luto en el reloj de cuco del corazón. Tolkien adoraba los árboles. William Faulkner escribió aquello tan bello: «Ella olía a árboles». Otro, no recuerdo quién, cuenta cómo un anciano abrazó a sus árboles, uno a uno, antes de entrar en la muerte. No seríamos nadie sin los árboles. No son sólo el pulmón verde, no son sólo naturaleza. El bosque es cultura, muy animada. Que vuelvan los vuelos nerviosos de los pájaros a Sídney y que dejen de volar las arañas metálicas de los helicópteros. Que anide la razón y terminen las brechas de fuego. Algo huele a quemado y a delito. Que paguen los culpables.