MARÍA XOSÉ PORTEIRO
05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En los últimos diez años, la UE ha destinado 80.000 millones de euros (13,31 billones de pesetas) para ayudas a los estados miembros, 10.000 millones menos que durante el período anterior. En el caso de España tan sólo aumentaron ligeramente las cantidades destinadas a servicios, formación y empleo. Lo más llamativo es el descenso de hasta un 40% de las ayudas al sector ferroviario. Este dato es especialmente significativo si lo comparamos con otros países donde las ayudas para este sector aumentaron de manera importantísima, como Grecia y Reino Unido, donde supusieron más del 47% de las ayudas recibidas. En el período de tiempo citado, Galicia recibió de Europa el 75% de todas las ayudas dirigidas a situarnos entre las regiones Objetivo 2, fuera del pelotón de cola de las más atrasadas donde seguimos estando con un PIB situado todavía en el 74,69%. Si tenemos en cuenta lo que el profesor González Laxe denomina como accesibilidad, es decir, la capacidad para que los productos de zonas alejadas de los centros de gravedad económica lleguen al mercado, concluiremos la importancia de las inversiones en materia de transportes, dentro de los cuales el ferrocarril es el reto inminente ahora que el horizonte del fin de las ayudas estructurales se acerca implacable a cinco años vista. A esto hay que sumar que uno de los objetivos de la UE es aproximar en tiempo todos los territorios de Europa, filosofía que no siempre se refleja en el reparto de ayudas, al menos en lo que a España se refiere si tenemos en cuenta los datos del último decenio. Galicia debe conseguir del Gobierno español una posición firme ante la UE. Necesitamos una inyección económica suficiente para el próximo lustro que nos permita nadar hacia el futuro sin la ayuda de flotadores que se desinflen ante la primera coyuntura desfavorable. Somos la periferia de la periferia y esa circunstancia habrá de pesar a la hora de hacer la receta para curar nuestros males crónicos.