EURO Y ESTABILIDAD

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ LUIS LOSADA, DIRECTOR GENERAL DEL BANCO GALLEGO

30 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La introducción de la moneda única a partir de mañana mismo supondrá un hito decisivo en el proceso de integración europeo. La nueva moneda permitirá eliminar el riesgo de cambio y abaratar el coste de gestión de las transacciones internacionales con el resto de la UEM y, en consecuencia, favorecerá el comercio internacional e impulsará la inversión. Asimismo, influirá favorablemente en la convergencia de los tipos de interés mediante el estrechamiento de las primas de riesgo de los diferentes países participantes en el nuevo proyecto comunitario. En el otro lado de la balanza, su efecto negativo sobre los precios. La disparidad de precios tradicionalmente existente entre los países del sur y del norte de Europa tenderá a desaparecer mediante la presión al alza en los precios de los países menos desarrollados. Sin embargo, el euro llega precedido de un fuerte shock en las economías occidentales tras los ataques terroristas de septiembre a los EE UU. La ralentización del ciclo económico ya se había comenzado a detectar en los primeros meses del año, pero sus principales señas de identidad se han agudizado con la reciente guerra de Afganistán y aún es posible que veamos una extensión de sus efectos si se producen nuevos episodios de crisis financiera en países como Argentina o Japón. Incertidumbres Actualmente vivimos un período de incertidumbre caracterizado por una extrema volatilidad en los mercados financieros y los economistas anticipan para el corto plazo un escenario de baja inflación y de crecimiento nominal del PIB nulo o negativo (desde la Segunda Guerra Mundial tan sólo una vez -en el primer trimestre de 1982- había sucedido algo similar en los EE UU). Desde su nacimiento operativo el 1 de enero de 1999, el Banco Central Europeo, pese a haber reducido el protagonismo de los bancos centrales nacionales, ha permitido articular una política monetaria común en un contexto mundial cada vez más globalizado. Su objetivo fundamental, mantener la estabilidad de precios en el área UEM y, subdidiariamente, garantizar la solidez del euro, se ha conseguido en gran medida gracias al Pacto de Estabilidad y Crecimiento que pretendía estimular la producción y el empleo de los Estados firmantes a través del mantenimiento de su disciplina presupuestaria. En la actual situación, tras la relajación experimentada por los precios del crudo, parecen haber desaparecido las tensiones inflacionistas y se hace más necesario que nunca intensificar los estímulos monetarios y fiscales para reanimar la demanda y limitar la duración y la profundidad del impacto económico de la crisis. En consecuencia, para que las empresas se sientan capaces de asumir posiciones de riesgo en nuevos proyectos de inversión, habría que hacer un esfuerzo para que, sin olvidar el cumplimiento de los compromisos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el Banco Central Europeo pueda ayudar a la reactivación de la economía con una política efectiva de bajos tipos de interés y de estabilidad en los tipos de cambio.