NO RESUCITEN A BATASUNA

La Voz

OPINIÓN

LÍNEA ABIERTA

19 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Sr. Ibarretxe: comprométase pública y solemnemente a rechazar, en cualquier caso, los votos de HB para formar mayorías parlamentarias. Éste era el contundente emplazamiento que el PP y el PSE formularon durante la campaña electoral vasca, al candidato a lehendakari por el PNV. Basaban esta exigencia en dos tipos de razones, unas de carácter político y otras de contenido ético. Las primeras respondían a la necesidad de evitar la reproducción, bajo cualquier fórmula, del Pacto de Estella, aislando de este modo a HB y facilitando una mayor eficacia contra el terrorismo. Según los principios éticos invocados resultaba democráticamente inadmisible cualquier colaboración con Batasuna, situando este rechazo en el terreno de los principios y elevándolo a categoría moral. Se pretendía sentar sólidas bases para que, bajo ninguna circunstancia, la gobernabilidad del País Vasco pudiera depender de los votos del brazo político del terrorismo. Lo que está sucediendo estos días en el Parlamento Vasco, donde por segunda vez consecutiva, en una semana, no fue posible aprobar el presupuesto del 2002, debido a la acción conjunta del PP, PSE y Batasuna, que ausentándose de la Cámara impiden el quorum necesario para dicha aprobación, contradice seriamente los compromisos adquiridos durante la campaña electoral vasca. Es posible, como denuncian PP y PSE, que exista inflexibilidad por parte del PNV al negarse éste a negociar con la oposición democrática ningún aspecto del presupuesto. Pero a tal intransigencia no puede responderse orillando los principios políticos y morales proclamados durante años. Esta actitud puede acarrear graves consecuencias. La primera de ellas será la pérdida de credibilidad de las fuerzas políticas que aparecen ante los ciudadanos, dispuestas a subordinar sus grandes principios a intereses políticos de corto vuelo, lo que les restará autoridad moral, tan necesaria en la lucha contra el terror. Uno de los efectos más esperanzadores de las últimas elecciones vascas fue, sin duda, la derrota sin paliativos de HB, que perdió la mitad de sus escaños y vió reducido drásticamente su base social, abriéndose así el camino de su marginación y la pérdida de su, hasta entonces, decisiva influencia política. Pues bien, la otra consecuencia indeseable de lo que está sucediendo en el Parlamento de Vitoria es que pone de nuevo en circulación a Batasuna y la devuelve al centro del escenario político. Las fuerzas democráticas tienen la obligación de superar rápidamente esta peligrosa situación. Para ello es ineludible restablecer la vigencia del principio que todos se comprometieron a aplicar, según el cual, nunca el Gobierno Vasco puede sostenerse con el apoyo de Batasuna, pero tampoco aquél puede ser bloqueado o derribado con tal espureo concurso. Esto implica reconocer que el Gobierno Vasco (PNV, EA e IU) tienen mayoría al contar con 36 escaños frente a los 32 de la oposición (PP y PSE), y a actuar como si los 7 escaños de Batasuna no existiesen, ya que todos se han comprometido a no contar con ellos para formar mayorías, ni siquiera coyunturales, en el Parlamento. De forma complementaria se debería ampliar la base política del actual Gobierno Vasco. Con estas medidas se garantiza que jamás el entorno terrorista pueda volver a colarse en la escena, para condicionar la política vasca. No resuciten a Batasuna.