NAVIDAD YA

La Voz

OPINIÓN

PACO SÁNCHEZ

11 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Al hombre de la Avenida de Arteixo le veo todos los días. Me cae bien. Le saludo con la mano y le digo que no con la cabeza. Nunca hablamos, nunca le compro pañuelos de papel ni caramelos. Hasta ayer. Se saltó la rutina y me pidió que bajara el cristal. Lo bajé. Me dijo: «¡Es Navidad, hombre!». Tenía razón, o casi, y le compré unos caramelos a toda prisa antes de que se abriera el semáforo. Con la música de los villancicos llegan también los graznidos de los odiadores profesionales de la Navidad. Lo encuentran todo postizo. Claro que no le faltan postizos: los que nosotros mismos hemos puesto, todo eso que sobra -en la Navidad original no sobraba nada- y la abigarra y la estropea. La Navidad necesita mimo, cuidado, para que no se deteriore. Como todo. Si se la reduce a una orgía consumista es sólo porque se olvidan los pesebres y las pajas, los bueyes y las mulas -tan nuestros- y les suplantan gordísimos personajes rojos, ficticios, cuya única característica relevante es el saco de regalos. O un árbol que florece paquetes. O un simple canto al invierno. O un anuncio de cava. O la esperanza en el otro Gordo. Si en el centro de la Navidad hay un Niño, nada es postizo.