MANUEL ALCÁNTARA
09 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Desde el 11-S millones de personas se acuerdan todos los días de la madre de Bin Laden, pero hasta ahora ignoraban cualquier circunstancia en torno a ella. Incluso no se sabía si estaba viva o murió a consecuencia del parto. Al menos ese era mi caso. De pronto, la mamá del terrorista ha saltado bruscamente a la fama gracias a la entrevista concedida a un periódico saudí donde dice que desaprueba algunas acciones y formas de pensar de su hijito, pero asegura que «no está enfadada». Lo conoce como si lo hubiera parido y sabe que tiene muy buen fondo, aunque sea un poco impulsivo. Nadie es perfecto. Quizá en su conducta hayan influido las malas compañías de los integristas radicales islámicos, pero el chico tiene un gran corazón. No se sabe dónde se encuentra en estos momentos ese corazón, ni el resto de su organismo. Destruido el régimen de los talibanes, la operación militar norteamericana se ha convertido en un safari. Quieren cazar a Osama Bin Laden y al mulá Omar, el vidente tuerto. Se dice que este último reunió a sus leales, dio la orden de sálvese quien pueda e inmediatamente predicó con el ejemplo huyendo en moto. Así no se llega a formar parte de la leyenda. Un mito en moto no puede pasar a la historia. Del que no se dice nada es de Osama. No es probable que se haya ido a vivir con su madre, que sin duda le perdonaría todo, pero tampoco es probable que haya hecho desaparecer su cadáver tras suicidarse. La ONU ha empezado a repartir alimentos en Kabul y se confía en que pronto pueda hacerlo en Kandahar. Cuando aún estaban bajo el dominio de los talibanes empezaron a desaparecer niños. Las guerras siempre enriquecen a alguien y se ha establecido un próspero negocio de órganos humanos. Ojos, riñones...