ADIVINA

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

08 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Su mirada era un pozo de tristeza que hacía reír. Lágrima y risa en un solo guante. Encarnaba al hombre medio, uno más de los miles de diablos que pagamos la hipoteca y que llegamos arrastrados a fin de mes, sin un duro. Nunca ganaba al póker. Su rostro de honestidad no sabía esconder un mal farol. Su cara era tan clara como una de esas pancartas con las que un avión sobrevuela un estadio. Odiaba el cine de (d)efectos especiales. Lo suyo era el cine que hablaba de la gente, de las personas. Nada de testosterona ni de explosiones cada dos minutos. Una sonrisa no necesita miles de decibelios. El esgrima del amor no precisa de músculos. Lo que daría por compartir con él unos espaguetis escurridos en una raqueta de tenis. Se lo llevó el cáncer después de cogerse muchos catarros en una acera. Se fue un año más tarde que su extraña pareja. En un filme dijo que el periodismo era un asco, que lo dejaba. Ese periodista lo estuvo dejando el resto de su vida, como todos los que lo aman. Si examinasen de ternura, él sería catedrático. Si fuese banquero, te perdonaría los intereses. Le hubiese pasado hasta el cepillo de dientes. ¿Saben de quién hablo? (nomeL kcaJ). ¿No? Nadie es perfecto.