CUÁNTO COSTARÍA LA INDEPENDENCIA VASCA

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ MARÍA CALLEJA

02 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

José María Vizcaíno, el presidente del Círculo de Empresarios Vascos, ha puesto el dedo en la llaga al razonar que de la misma manera que en su día los empresarios vascos evaluaron los costes que suponía para el progreso del País Vasco la no-Europa, es decir, la no integración en la Unión Europea, ahora es el momento de calibrar la peligrosas consecuencias que para el actual nivel de bienestar y para la economía vasca en su conjunto supondría la no-España, es decir, el insistir en la aventura soberanista, en la independencia como objetivo viable. Es curioso comprobar cómo después de años y años de pugna política, en la que se han cruzado argumentos de todo tipo respecto de la muerte y de la vida en el País Vasco, no haya habido una presencia equiparable en el tapete del debate de los datos referidos a la bolsa, a la economía, a la riqueza que supone la paz, a la pobreza que acarrea el terrorismo y al desastre económico que supondría la independencia. No podemos evaluar la riqueza perdida en forma de empresarios vascos que han tenido que abandonar el País Vasco, hartos de violencia y extorsiones, para irse a vivir a otros lugares de España, donde siguen dando muestras de su espíritu emprendedor, de su querencia por la iniciativa y la capacidad de riesgo. Es imposible calibrar la cantidad de jóvenes profesionales, bien preparados, con ganas de hacer cosas, que hartos de ver el clima de terror y brutalidad que rodea muchos aspectos de la vida política y económica del País Vasco, han decidido firmemente que su futuro profesional y vital estará en otra parte. Falta de inversiones Tampoco se pueden estimar a ciencia cierta las inversiones que habrán dejado de realizarse en el País Vasco porque alguien, en el último momento quizá, habrá recordado en determinada empresa que en el País Vasco hay terrorismo, secuestros, extorsiones, lo que se habrá llevado la empresa y la generación de riqueza a otra parte. Con motivo del subidón económico que supuso la adhesión de España a la Unión Europea, Cataluña, donde hay otro tipo de nacionalismo, captó una parte de las inversiones totales realizadas en España incomparablemente mayor que el País Vasco. Esto por no decir cuántas iniciativas culturales y sociales se podrían poner en pie con el dinero empleado desde hace lustros en reparar la quema sistemática y normalmente impune de autobuses, el saqueo de cajeros automáticos, los destrozos en bienes municipales que son propiedad en última instancia de todos los contribuyentes. Por eso, antes quizá de meterse en determinados laberintos políticos, resulta del todo pertinente abrir el debate sobre el coste económico de la independencia. Cuánto se ganaría, cuánto se perderá; es posible desenhebrar las fértiles y estrechísimas relaciones entre las empresas vascas y las empresas y consumidores del resto de España, es viable someter a las empresas vascas, que venden el sesenta por ciento de lo que producen en el mercado del resto de España, a la ducha fría de arriesgarse a perder parte al menos de ese mercado. (Es una mentira descomunal que el setenta por ciento de lo que se produce en Euskadi se venda en el resto de la Unión Europea, excluida España). Por si hubiera dudas respecto de los evidentes riesgos para la economía vasca del aventurerismo soberanista, la respuesta dada por el portavoz de Batasuna a las palabras de José María Vizcaíno pone nítidamente de relieve que a ese partido le sobran los empresarios. Un partido que ha tenido consecutivamente de modelo político y económico a Albania, a la antigua República Democrática Alemana o a Cuba, no parece de fiar respecto del trato que pretenderá dar a los empresarios en el imposible caso de que algún día llegue al poder. Ventajas e inconvenientes De manera que para que los ciudadanos vascos puedan opinar con más fundamento aún, sería conveniente poner sobre la mesa las ventajas e inconvenientes económicos de la independencia, el riesgo que supondría para muchas empresas vascas, que tienen su mercado natural en el resto de España, asumir una apuesta política de semejante envergadura y riesgo. Así, en un lenguaje tan universal como es el de las ventajas o inconvenientes económicos, tan fácil de entender frente a algunos discursos definitivamente alambicados, podríamos aclararnos todos y saber de qué estamos hablando cuando hablamos de independencia.